“36″
No sé si decir que es mera coincidencia que el número 36 sea mi favorito. Casi siempre me tocaba en la lista de clases durante mi vida escolar. Es múltiplo de 3, contiene al 12 y está en cola con el 42. 36 grados centígrados es la temperatura corporal. Y es la primera vez en 36 días que actualizo el blog. Buenas noches.
Anécdotas Variadas, Pt.1
[Advertencia: este post contiene elementos que, cabe recalcar de antemano, son meramente mi percepción subjetiva y reduccionista del estereotipo de la mujer venezolana en el rango de edad universitaria y laboral pre-30 años, producto de una catarsis malograda y un estómago vacío. Cualquier parecido con la realidad NO es coincidencia. Cualquier crítica, constructiva o destructiva, es bienvenida, aunque igual ambos tipos me resbalan. De hecho, estoy de tan buen humor que cualquier comentario me resbala. Y si no saben qué coño acabo de decir, no sigan leyendo. Atte. El Capitán Arepa]
Esta mañana, conversando con mi madre sobre temas variados mientras intentaba copiar unos archivos a mi pen drive, sugió salio a la luz un tema rara vez profundizado y que suele morir a mitad de camino: mi futura novia o esposa. Es un tema que suele aparecer justo cuando está de buen humor y no pregunta sobre mi rendimiento académico en la universidad o mis hábitos administrativos de mi billetera. En esta ocasión, la conversación cambió de rumba con una sencilla pregunta:
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R.I.P. Cassiopeia (Febrero 2007 – Abril 2011)
Hoy, por casualidades de la Vida, el Universo y todas las cosas, mi fiel computadora de escritorio falleció, víctima de una apoplejía electrónica. Esta venerable máquina, a la que, en un momento de mariconería, bauticé como Cassiopeia (ni idea por qué), tuvo una vida útil bastante productiva, aunque en ocasiones algo inestable en muchos aspectos. Tantos fueron los periplos y odiseas por los cuales pasó, que terminé llamándola “ábaco pan-dimensional”. A continuación, les resumiré un poco dichas odiseas.
Mi computadora era una simple AMD Athlon 64 3000+ de 2GHz, 1GB DDR2 de RAM, un disco duro simple de 80GB y una tarjeta nVidia GeForce 7300. Para cuando la armé era un sistema competente. No era la panacea ni el pináculo de la tecnología, pero me iba era suficiente para las tareas que requería para aquél entonces: bajar anime como un desgraciado, jugar Call of Duty 2, Touhou, entre otras cosas. Sin embargo, fue el uso que le estaba dando lo que llevó a su primera bajón.
Encontrábame yo un día ladillándome con la novela visual de Fate/Stay Night, cuando de repente el programa se guinda. Pues bien, Ctrl+Alt+Supr, mato el proceso, y listo. Pero no, resulta que, místicamente, el proceso que le sigue, µTorrent, agarra 100% de CPU, así que repito el proceso. Y así siguió hasta que llegó al mismo administrador de tareas, por lo cual tuve que hacer un reboot forzado. Y colorín colorado, la tarjeta de video hizo pof. No señal, no nada. Luego de pasarme a video integrado y revisar un poco en Windows, vi que no reconocía ni tarjeta de video ni puerto PCI-Express. Así que me tocó vivir sin tarjeta de video.
Tiempo después, viendo que el antivirus me estaba sacando la puñetera (Panda al fin y al cabo), decidí recurrir a uno que me habían recomendado, AVG. Luego de bajarlo por medios obscuros (torrent), procedo a instalarlo. En el proceso, la máquina se guinda, así que vuelvo a reiniciar. Al entrar, veo que me sale un fondo de pantalla con advertencia radioactiva o alguna vaina así, y que no podía meterme en Mi PC ni nada. Coño de la pepa, un virus. Y lo más irónico es que fue el mismo antivirus el que lo tenía. Shit happens. Acto seguido, decidí formatearla, a costa de perder toda la información, siendo la más importante unos proyectos de edición de video. Shit happens.
Después de este nuevo inicio, decidí chequear de nuevo la tarjeta de video. Resulta que, definitivamente, se había quemado junto con el slot PCI-Express. Sintiendo la necesidad de tener más potencia gráfica basándome sólo en el procesador, decidí aumentar la memoria a 2GB. Dicho y hecho, compré el módulo y lo instalé. Todo estuvo bien por 1 mes exacto, hasta que un día me soltó un pantallazo azul. Sospechando que era la RAM, decidí juguetear un poco con los módulos. Resulta que se quemó no sólo la tarjeta de memoria, sino también el slot donde estaba. Ahora tenía una computadora medio manca, y tuve que conformarme con ello.
Transcurrió el tiempo, y mi computadora empezó a presentar fallos más continuos: en ocasiones se apagaba así nomás, se guindaba, el disco duro lanzaba sonidos sospechosos, y en una ocasión el Windows se corrompió así nomás, por lo que perdí, una vez más, otros proyectos de edición de video. Y bueno, luego de otros formateos y remiendos, la venerable Cassiopeia llegó hoy a su fin. El ábaco pan-dimensional, la computadora imposible, la singularidad cuántica, ya dejó de ser.
Ahora, debido a mi carrera y futura línea de trabajo, me veo en la imperiosa necesidad de comprar un equipo nuevo. Teniendo en cuenta que la situación económica del país invita a la usura y especulación masiva, estoy forzado a recurrir a mi estimada hermana y hacer un jalón de bolas para comprar partes por Amazon. De unos posibles 3000BsF que podría costarme acá una computadora nueva, logré bajarlo a 190 dolarucos (220 si logro convencerla de comprar un disco duro nuevo). Cabe destacar que no será equipo de lujo, la panacea o el pináculo de la tecnología, pero si será competente. Y me será suficiente para realizar las tareas que requiera: programar, compilar, bajar como un desgraciado de internet y tal vez editar videos. Ahora tengo que pensar cómo la llamaré…