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Anécdotas Variadas, Pt.1

abril 28, 2011

[Advertencia: este post contiene elementos que, cabe recalcar de antemano, son meramente mi percepción subjetiva y reduccionista del estereotipo de la mujer venezolana en el rango de edad universitaria y laboral pre-30 años, producto de una catarsis malograda y un estómago vacío. Cualquier parecido con la realidad NO es coincidencia. Cualquier crítica, constructiva o destructiva, es bienvenida, aunque igual ambos tipos me resbalan. De hecho, estoy de tan buen humor que cualquier comentario me resbala. Y si no saben qué coño acabo de decir, no sigan leyendo. Atte. El Capitán Arepa]

Esta mañana, conversando con mi madre sobre temas variados mientras intentaba copiar unos archivos a mi pen drive, sugió salio a la luz un tema rara vez profundizado y que suele morir a mitad de camino: mi futura novia o esposa. Es un tema que suele aparecer justo cuando está de buen humor y no pregunta sobre mi rendimiento académico en la universidad o mis hábitos administrativos de mi billetera. En esta ocasión, la conversación cambió de rumba con una sencilla pregunta:
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R.I.P. Cassiopeia (Febrero 2007 – Abril 2011)

abril 14, 2011

Hoy, por casualidades de la Vida, el Universo y todas las cosas, mi fiel computadora de escritorio falleció, víctima de una apoplejía electrónica. Esta venerable máquina, a la que, en un momento de mariconería, bauticé como Cassiopeia (ni idea por qué), tuvo una vida útil bastante productiva, aunque en ocasiones algo inestable en muchos aspectos. Tantos fueron los periplos y odiseas por los cuales pasó, que terminé llamándola “ábaco pan-dimensional”. A continuación, les resumiré un poco dichas odiseas.

Mi computadora era una simple AMD Athlon 64 3000+ de 2GHz, 1GB DDR2 de RAM, un disco duro simple de 80GB y una tarjeta nVidia GeForce 7300. Para cuando la armé era un sistema competente. No era la panacea ni el pináculo de la tecnología, pero me iba era suficiente para las tareas que requería para aquél entonces: bajar anime como un desgraciado, jugar Call of Duty 2, Touhou, entre otras cosas. Sin embargo, fue el uso que le estaba dando lo que llevó a su primera bajón.

Encontrábame yo un día ladillándome con la novela visual de Fate/Stay Night, cuando de repente el programa se guinda. Pues bien, Ctrl+Alt+Supr, mato el proceso, y listo. Pero no, resulta que, místicamente, el proceso que le sigue, µTorrent, agarra 100% de CPU, así que repito el proceso. Y así siguió hasta que llegó al mismo administrador de tareas, por lo cual tuve que hacer un reboot forzado. Y colorín colorado, la tarjeta de video hizo pof. No señal, no nada. Luego de pasarme a video integrado y revisar un poco en Windows, vi que no reconocía ni tarjeta de video ni puerto PCI-Express. Así que me tocó vivir sin tarjeta de video.

Tiempo después, viendo que el antivirus me estaba sacando la puñetera (Panda al fin y al cabo), decidí recurrir a uno que me habían recomendado, AVG. Luego de bajarlo por medios obscuros (torrent), procedo a instalarlo. En el proceso, la máquina se guinda, así que vuelvo a reiniciar. Al entrar, veo que me sale un fondo de pantalla con advertencia radioactiva o alguna vaina así, y que no podía meterme en Mi PC ni nada. Coño de la pepa, un virus. Y lo más irónico es que fue el mismo antivirus el que lo tenía. Shit happens. Acto seguido, decidí formatearla, a costa de perder toda la información, siendo la más importante unos proyectos de edición de video. Shit happens.

Después de este nuevo inicio, decidí chequear de nuevo la tarjeta de video. Resulta que, definitivamente, se había quemado junto con el slot PCI-Express. Sintiendo la necesidad de tener más potencia gráfica basándome sólo en el procesador, decidí aumentar la memoria a 2GB. Dicho y hecho, compré el módulo y lo instalé. Todo estuvo bien por 1 mes exacto, hasta que un día me soltó un pantallazo azul. Sospechando que era la RAM, decidí juguetear un poco con los módulos. Resulta que se quemó no sólo la tarjeta de memoria, sino también el slot donde estaba. Ahora tenía una computadora medio manca, y tuve que conformarme con ello.

Transcurrió el tiempo, y mi computadora empezó a presentar fallos más continuos: en ocasiones se apagaba así nomás, se guindaba, el disco duro lanzaba sonidos sospechosos, y en una ocasión el Windows se corrompió así nomás, por lo que perdí, una vez más, otros proyectos de edición de video. Y bueno, luego de otros formateos y remiendos, la venerable Cassiopeia llegó hoy a su fin. El ábaco pan-dimensional, la computadora imposible, la singularidad cuántica, ya dejó de ser.

Ahora, debido a mi carrera y futura línea de trabajo, me veo en la imperiosa necesidad de comprar un equipo nuevo. Teniendo en cuenta que la situación económica del país invita a la usura y especulación masiva, estoy forzado a recurrir a mi estimada hermana y hacer un jalón de bolas para comprar partes por Amazon. De unos posibles 3000BsF que podría costarme acá una computadora nueva, logré bajarlo a 190 dolarucos (220 si logro convencerla de comprar un disco duro nuevo). Cabe destacar que no será equipo de lujo, la panacea o el pináculo de la tecnología, pero si será competente. Y me será suficiente para realizar las tareas que requiera: programar, compilar, bajar como un desgraciado de internet y tal vez editar videos. Ahora tengo que pensar cómo la llamaré…

Video de la Semana: “The Lizards” (y una breve reseña de mis gustos musicales)

abril 2, 2011

Debido a mi escasa fuerza de voluntad para salir de este inmisericorde estado de desidia menta, decidí, un tanto renuente, a tomar la primera idea que se me cruzara por mi mente, con el fin único de crear un boceta y darle forma, hasta resultar en la presente entrada.

Sin embargo, no vino a mi mente ninguna idea concreta, sino unas ganas urgentes de deleitarme con un poco de música, así que, para empezar, les dejo una de mis piezas favoritas.

“The Lizards”, Phish (It Festival)

Improbablemente, algún ocioso que lea mi blog con regularidad, se habrá percatado que mis gustos musical son tan dispares como el que tengo por las mujeres. Para profundizar un poco en este tema, es necesario que divague un poco y revele algo de mi trasfondo biográfico, sin entrar mucho en detalles.

En mi infancia, mis contemporáneos escuchaban Las Payasitas Nifú Nifá, las canciones genéricas de El Club de los Tigritos y alguna que otra melodía infantil, mientras que en mi casa se acostumbraba a escuchar cassettes de The Beatles, Iron Maiden, Metallica, Guns ‘n Roses, Marillion, Bob Marley, Michael Jackson, ABBA, Prince, Zapato 3, Maná, Hombre G, Soda Stereo, Sentimiento Muerto, Queen, Led Zeppelin, Pink Floyd Genesis, King Crimson, entre otras bandas y artistas de alto calibre. Mi madre, cuya apreciación musical es mucho mayor que la mía, instigó en mi el gérmen de la “buena música”.

A partir de esta “educación musical”, desarrollé una afinidad por el rock, en varias de sus ramas y expresiones, así como el reggae, el pop, la música clásica, entre otros. Y, como cualquier persona normal y con sed de conocimiento y ansias de placer, empecé a navegar entre distintos géneros musicales. Mis gustos musicales empezaron a variar a través de los años y etapas biológicas.

Así, durante mi etapa de colegial y bachiller, fui explorando todas las posibilidades que se me atravesaban: desde punk rock y jazz ácido, hasta el estridente y atorrante J-Pop y música que encuentras en los anime (otro de mis pasatiempos). Pop, funk, hip-hop, rap. Rock alternativo, progresivo, en español, hard rock. Madonna, Britney Spears, Cristina Aguilera. Eminem, 50 Cents, Jay-Z. System of a Down, Red Hot Chilli Peppers, Blink 182, Zebrahead. Rhapsody, Sonata Artica, Helloween, Masterplan.

Sin embargo, fue en mi 4to año de bachillerato, cuando empecé a expandir mis horizontes musicales. Luego de haber comprado el dvd “Listener Supported”, de Dave Matthews Band, decidí empezar a tomar clases de guitarra. Luego vino “The Central Park Concert”, y adquirí un gusto por el jam rock y las improvisaciones de decenas de minutos.

Luego llegó 5to año, acompañado de Dream Theater. Para entonces yo desconocía la banda, hasta que un pana me pasó el mp3 de “Octavarium” y me enamoré. Por esas fechas ya habían pasado semanas de su primer concierto en Venezuela, lo cual no hizo otra cosa sino acrecentar mi fiebre por la banda y hacer que esperara con ansias a que volvieran.

Y pasó el tiempo, y retomé viejas costumbres y bandas, escuchando leyendas, dejando y volviendo a la guitarra, saltando del prog al jazz, bebop, blues, post-rock, pop, ska, bossa nova, otra vez la música de anime, acústica. De John Petrucci a Tim Reynolds, de Nightwish a Bjork, de Evanescence a B.B. King. Durante este vaivén de géneros musicales adquirí mi guitarra eléctrica, y con ello descubrí que, definitivamente, no sirvo para tocar metal. (No sé a qué vino este comentario, pero equis).

Y… ya me extendí bastante, así que hasta aquí llega este que está aquí. Tal vez escriba otro post. No sé.

 

Desventuras Selectas (y demás Relatos Incoherentes) – Pt. 3 de ??

febrero 17, 2011

Como hace no mucho comenté , fui despojado forzosamente de mis pertenencias, entre las cuales se encontraban mi cartera con el carnet de la universidad. Ahora bien, como el sentido común dicta, procedí a cumplir con el protocolo establecido para estos casos: fui a la universidad, bloqueé el carnet viejo, pagué el arancel para el reintegro de uno nuevo y luego de esperar al jueves, que es el día que me toca por terminal de cédula, procedí a calarme la cola para que me atendieran en el banco.

Una vez llegado mi turno, me atiende un muchacho, y luego de relatarle mi tragedia, me pregunta si uso carro o no. “¿Qué tiene que ver el culo con las pestañas?”, pienso yo, y le respondo que no. Entonces el muchacho procede a decirme que no tienen carnets peatonales y que pase la siguiente semana que es cuando les llegan. Bastante irritado, me retiro. Esto pasó hace 3 semanas.

La semana siguiente, vuelvo a hacer mi cola muy religiosamente, y me atiende el mismo muchacho. Como era de esperarse, el carajo me suelta la misma respuesta, y luego de yo protestar me dice que, “por órdenes de la universidad”, le están dando prioridad a los estudiantes con carro, profesores y obreros, y que pase en la semana del 15. Coño de la madre, ¿acaso los que tienen carro, los profesores y los obreros se la pasan perdiendo carnets? ¿se dejan robar todos los días? O sea, ¿el negro pendejo aquica que anda a pie tiene que estar sin carnet porque un sifrino pendejo usa carro? ¡No me jodan!

Decido retirarme, conteniendo las ganas de estamparle la cara en el suelo al maricón que me atendió y, otra vez el pendejo aquica, vuelve a hacer su cola. Esta vez me atendió otro muchacho, quien, como era de esperar, me soltó las misma respuesta. Sin embargo, tuvo la decencia de informarme de la situación con más detalles:

Resulta que, al genio que maneja todo lo relacionado con los carnets, tuvo la genial idea no sólo de separar el sistema entre peatonal y “de a carro”, ¡sino también de cambiar la imagen, tipo de chip y hasta el proveedor de los plásticos! ¡El coñísimo de la madre! ¿Acaso estoy partiéndome el lomo pagando 7 palos para que venga un idiota a cambiar los carnets porque no le gustan? ¿O es que acaso los pelabolas que usan metro no cuentan? ¿Acaso nos ven cara de filántropos?

Lo único que le agradezco al muchacho que me atendió en esta ocasión es que por lo menos tuvo la decencia de darme una fecha estimada (y creíble) para poder buscar el carnet, aparte de informarme objetivamente de la situación y ofrecer disculpas por el inconveniente (cosa que el maricón de al lado no hizo).

Por eso es que me revienta la burocracia de cualquier tipo. No que a nadie le guste, pero me arrecha que, por estar “prestando” un servicio, crean que uno es estúpido. Siempre, en todos lados, buscan la manera de joderte la vida, solo porque eres un pendejo pelabolas que usa Metro y te partes el lomo para tener una educación de calidad y poder ganarte la vida honestamente.

Ahora, me pregunto quién será el genio de los carnets. Siento unas urgentes ganas de aplicar mi política del niple

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Breves Crónicas de Metro – Pt.1 de ??

febrero 12, 2011

“Vacaciones.” Ese período de efímera felicidad y hedonismo durante el cual tratamos de hacer lo que mejor sabemos hacer: vagar. Limitarnos a existir, a dejar que la inercia lleve nuestro día a día por un período de tiempo bastante corto, pero suficiente como para hacer que perdamos la noción del tiempo y rutina luego de un par de horas. Para aquellos con medio y/o recursos, será una época de liberación, de jodedera. Puro derroche y daño al hígado. Para los que no somos tan afortunados, es el momento en el cual nos ponemos filósofos y surge esta infinidad de preguntas como “¿de dónde somos? ¿a dónde vamos? ¿por qué existimos? ¿trascenderé? ¿me ganaré el Kino? ¿qué hay pa’ comé?”, entre muchas otras.

Pero el meollo del asunto no radica en que esté de vacaciones, o que sea un pelabolas desmonetizado, o que sencillamente mi fuerza de voluntad no me da para conseguir un trabajo medio decente para hacer algo con mi vida durante 3 semanas. La vaina es que la inercia hizo que, en medio de mi ladilla mental, tuviese una mediocre epifanía y agarrara ánimos para levantarme de mi cama y escribir unas cuantas sandeces. Helas aquí.

“La máquina que camina”

Encontrábame yo un tanto apresurado, ya que iba saliendo tarde a la universidad y tenía clases de, pongamos que de Cálculo (materia genérica). Mi espera por el Metrobús se estaba convirtiendo en desesperación, por lo cual apenas apareció en mi campo visual, me moví inconspicuamente por la “cola” de personas para colearme. El recorrido hacia Plaza Venezuela, el cual toma normalmente 5-10 minutos desde la parada que frecuento, tomó más de media hora, por lo cual mi exasperación y mal humor me tenían al borde de un ataque. Una vez en la estación, bajo como un desgraciado la escalera, quitando de mi camino a cuanto tuki y marginal atravesado con unos cuantos empujones, corro hacia los torniquetes y meto el ticket, sólo para encontrarme con que la condenada máquina me lo niega.

La situación me sorprende, ya que el ticket era nuevo, pero como no me iba a poner a probar otra vez con el mismo, decidí usar otro torniquete. Y lo que obtuve fue otro pitido.

“Coño de la madre”, pensé por inercia, y luego procedí con otro torniquete – “¡No me jodas!”, solté ante la necedad del condenado aparato. Resulta que todos los torniquetes de entrada estaban presentando los mismos síntomas, aunque dejaban pasar a algún afortunado al azar. Mientras salía me hacía a un lado para dejar que otro pendejo cayera en la misma trampa, una señora se me acerca. En el rostro lleva una expresión de esas de “ganas de joder”, y luego de observar la situación, me pregunta con una voz escandalosamente marginal:

“¿La máquina no camina?”

Ese fue el catalizador. The trigger, como suelen decir en inglés. La poca paciencia que me quedaba de mi cuota diaria destinada a situaciones metriles se había agotado, gracias a la impertinencia de una vieja iletrada, que no sabe diferenciar un artefacto mecánico de un burro. Sin embargo, para no perder compostura, intenté fingir no oírla, pero fue en vano, ya que la vieja entrépita terminó por soltar la gota.

“¡Ay, pero que maleducado, a ver si respondes! ¡Amargado!”, suelta de nuevo la vieja, y en esta ocasión todo lo que aprendí de buenos modales se fué al caño.

“No señora, la máquina NO camina: no tiene patas”, respondí haciendo énfasis en la negativa. Sin embargo, la vieja necia no cedía – “¡Dios, pero qué respuesta tan estúpida! ¡Cómo se ve que no estudias, ignorante!” Ay, vieja iletrada, te jodiste conmigo.

“Bueno, señora, si mi respuesta fue estúpida debe ser que su pregunta también fue estúpida: el torniquete no tiene patas para caminar, pero usted las tiene de burro, ¡animal!”

Acto seguido, procedí a seguir mi camino, un tanto más alegre.

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