Random Musings & Rants #1: del Jueves 20/05

Yo quiero un sofá así, con luminación idéntica y una estancia similar…

Bueno, hoy por fin he conseguido un espacio para poder escribir algo. Hablaría lo acontecido estos últimos 3 días, pero la vagancia es extrema. Qué más da, igual hablaré.

El jueves fue el velorio de mi ex-compañera de colegio en el Cementerio del Este. Primera vez que voy a ese sitio, y debo decir que me sorprendió la magnitud del sitio, es enorme, y muy bien mantenido. Y con más razón, ahí es a donde van a parar la clase media-alta caraqueña. Como sea, el velorio estuvo bastante concurrido por gente de mi promoción, amigos, profesores y familiares de la fallecida. Bastante triste la situación. Tanto que al final de la misa se me salieron unas lágrimas. Aunque no tuve mucho contacto con la chama, debo decir que su muerte me afecto tanto como si se hubiese sido un familiar mío; total, así fue como nos educaron desde pequeños en mi colegio.

Luego del velorio, tuve que experimentar una pequeña odisea para llegar a mi casa. Luego de bajarme del metro en Chacaíto, me enteré que el servicio en la estación Los Cortijos (que fue donde me había montado) estaba suspendido por un arrollamiento. So damn lucky. De ahí, me fui caminando a mi casa, para llegar, bañarme y prepararme para salir otra vez, y esta vez a alegrarme un poco la vida, yendo con una amiga (Namie) a una sesión de “stand up comedy” en el Tolón. Haciendo fast forward, llegó Namie, nos juimos hasta el Tolón, media hora buscando un puto puesto para estacionar el carro, y luego directo al Friday’s para ver al Prof. Briceño. Pero aquí empezó otra pequeña odisea.

Resulta que, al llegar al sitio, nos percatamos que había un spam de gente. Yo fui a la cosa que parece un atril, que tenía una muchacha con pinta de recepcionista, y le pregunté sobre el evento. La muchacha me dice que si quiero estar en la terraza, donde se iba a llevar a cabo el evento, debía reservar anorame en una lista de espera por una mesa. Y habían 5 mesas (no personas, mesas) por delante. No tuve más opción que anotarme en la fulana lista, y luego le pregunté si había que pagar por entrada o algo así. El detallazo. Aquí es cuando la muchacha me suelta la noticia del momento, con voz de teleoperadora: “No hay que pagar entrada, pero si quieres estar en la terraza para ver a los comediantes, debes pedir un plato fuerte, bebida y postra constantemente. Además, se está cobrando el 10% de servicio.”

Ok, so here I am, dumbfounded. Literally. Esta caraja viene y me dice que si queremos ver a Briceño (ni siquiera a los demás nulos), por unos míseros 10 minutos, mi amiga y yo debemos estar desde las 9 de la noche hasta Dios sabe cuándo, pidiendo hamburguesas que cuestan 60-80 fucking bolívares, helados del mismo precio y latas de refresco que cuestan 15 bolívares (cuando en la calle esa mierda me sale en 5 bolos). Bien, yo sabía que TGI Friday’s, al igual que Memphis, Hard Rock Cafe y cualquier puta franquicia gringa es fuckingly cara, pero es el colmo que para poder ver a un maestro del humor negro tengamos que hipotecar la casa! Coño, ver a Berto Romero sale más barato, aun cuando el tipo está en España!

Bueno, como los dos andábamos con capital escaso, decidimos ir a la feria y comer algo. Terminó siendo sushi, que estaba de promoción en un local que ni me acuerdo el nombre, pero estaban regularmente buenos. Como sea, luego de comer y dar vueltas, volvimos al Friday’s, y nos encontramos con que habían televisores y cornetas transmitiendo el evento, que estaba siendo grabado en el local. Decidimos que era mejor estar de loiter dudes en vez de pagar media cuenta de ahorros, y esperamos a que empezara el set del Profesor Briceño. Y así llegó el momento esperado. 20 minutos de excelente humor negro, tan bueno como un buen whisky 12 años. De no ser por el mal sonido, hubiese sido de 18. Pero bueno, lo vimos, aunque hubiese sido a través de unos televisores y unas cornetas. Mejor que nada. Luego del set, nos fuimos de ahí, y calabaza calabaza, todos a su casa.  Y yo todavía pensando si para la próximo me llevo un fajo de billetes para que no me agarren así desprevenido.

Y bueno, francamente no pretendo extenderme en este post. Ya van casi 750 palabras, y, aunque ya estoy acostumbrado a escribir posts de mil y tantas palabras, esto no es un testamento, menos un ensayo. Y hablando de ensayo, ahora debería estar escribiendo uno, pero… qué ladilla! Como buen venezolano, lo dejaré para mañana, así como un spam de cosas por hacer. なたね。

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