Quedan advertidos, motoristas.

Por lo general, cuando está lloviendo, uno tiende a no salir de la comodidad del hogar. Uno prefiere quedarse en un ambiente cálido y amigable a salir y adentrarse en el mundo caótico e impredecible al que llamamos “Caracas con lluvia”. Pero, no importa qué esté haciendo uno, ni cuándo ni cómo, siempre surjen estas situaciones que te obligan a salir a la calle a intentar no caer en pozos sin fondos con limo de hace 1 semana o ríos llenos de barro y mierda que nacen de las alcantarillas mal encauzadas, mientras te dirijes hacia algún destino incierto con el propósito de hacer un mandado o satisfacer tus ganas de saciar el hambre de manera muy masoquista.

Son éste tipo de situaciones las que nos llevan a tener episodios temporales de ira incontenible, en los cuales mentamos mandre de una manera tal que hasta la persona más ordinaria y marginal quedaría pasmada y sobrecogida. Y estos episodios son causados por el famoso “animal/becerro malnacido me mojó con el carro”. Esas personas que no resisten la tentación de acelerar sobre un inmenso charco lleno de E. Coli y coliformes fecales con el único propósito de dejar a un inocente y desprevenido peatón empapado hasta la ropa interior. Esos Ayrton Senna frustrados, que sólo porque están a salvo de la intemperie creen que pueden ir y joderlo a uno con carros de 200 mil BsF. Esos animales descerebrados que, obedeciendo al patrón genético involutivo que implica el uso de una herramienta facilitadora de la pereza, siguen el instinto más básico de los venezolanos: joder al más huevón, al pendejo que camina por una acera a orillas de lo que parece el río Zambeze.

¿Por qué comento esto? Bueno, por hoy me tocó desempeñar el papel de el peatón inocente, que por pendenjo fue empapado por algún inepto cabrón que no resistió la tentación de acelerar adrede su potente y obesa camioneta último modelo, con el único fin de joderme la tarde y hacerme cojer una arrechera tal que ni el taichi ni la meditación zen me pueden quitar en el momento.

Sin embargo, este huevón aquí no se la cala. Así de simple. Yo ya no me calo esta vaina. Ya no me calo que tenga que volver a lavar el jean que cargaba, porque sólo tengo 4 para usar. Ya no me calo que tenga que meter los zapatos a la lavadora y esperar 3 días a que se sequen porque sólo tengo 2 pares para usar. Ya no me calo que tenga que correr cuando un pajúo esté aproximándose a algún charco en su carro último modelo, con el puto reggaeton a full volumen y teniendo una orgía musical.

Este huevón aquí, que disfruta caminar, que disfruta el hecho de no tener que pagarle 2 bolívares a un busetero muerto de hambre sólo para quedarse 3 cuadras más allá, que goza de la libertad de moverse sin restricciones y usar las piernas para algo útil, de correr con el riesgo de rayar un carro atravesado en la acera, de poder comprarse un brownie y jartarse mientras camina y cruza la calle y lee el semanario “Urbe”, ya no se lo cala. ¿Y qué pienso hacer al respecto? Pues muy sencillo: pellas, señores. Pellas.

Este pajúo aquí, que camina tranquilo por la acera, va a cargar con pellas. Así que quedan advertidos, mis estimados “Schumachers” caraqueños. Este pendejo que está aquí va a tener en mano unas cuantas pellas, de las de hierro, traídas directamente de Guayana, de los cargamentos olvidados de Ferrominera y Sidor, a la espera de ser lanzadas en contra del parabrisas del primer becerro impotente que quiera dárselas de gracioso. Este pendejo aquí va a tener su paquita de monedas de 2 y 5 bolos de los viejos entirrada, lista en mano, a la espera del primer becerro al que se le ocurra acelerar en un charco para mojarme.  Y también éste que está aquí va a cargar con una piedra, de esas que usan para los rellenos de hormigón, a la espera de impactar contra el vidrio de cualquier imbécil que piense que soy impermeable.

Así que quedan advertidos, motoristas. Mejor compórtense y sean buenos ciudadanos. Porque no sabrán de dónde saldrá la pella que les descoñetará el parabrisas.

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3 comentarios en “Quedan advertidos, motoristas.

  1. Que risa me dio esté post, te lo juro que reí pero sé que no es gracioso cuando te ocurre. Te cuento mi experiencia como crazy driver que me ha tocado ser. En algunas zonas de Caracas a veces es difícil manejar sin mojar a los peatones porque uno como conductor va pendiente de no ser arrastrado por las corrientes del lago Ness que se forman en las calles, eso se traduce en manejar lo más rápido (pero prudentemente) posible para llegar a un lugar seguro, seas una vieja encopetada del cafetal, seas un tuki con camioneta o seas una estudiante con un carro recalentado (yo). Obviamente hay personas que tienen esa pasión por acelerar en charcos cuando ven a peatones huyendo del agua, eso sí es digno de un peñon de esos que aparecieron en vargas 99′ pero en otras escasas ocasiones los conductores no tienen opción. No recuerdo haber mojado a algún peaton pues casi todo mi trayecto es autopista pero espero que si llegase a mojar uno, no seas tú.
    Saludos!

    1. Me alegro que te haya gustado este post. Bueno, a decir verdad, cuando se trata de un auto que corre riesgo de hundirse cual Titanic o Andrea Doria, pues es entendible. Pero cuando es una Cherokee último modelo que acelera adrede para mojarte… NO!

      Saludos, y espero que no nos encontremos en una situación así… que ya cargo con mis pellas xD

  2. uhm esa idea me gusta, igual tenia un pana que tenía como unas pequeñas piezas metalicas que tambien hacian el trabajo ah y el muchacho era picther de los criollitos…
    saludos muy bueno

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