Catarsis Malograda (II) – Cualquier vaina ahí.

(Bueno, como no he tenido temas concretos o convincentes para transformar en un post de consistencia satisfactoria, decidí anotar un puñado de ideas inconexas durante estos días, y desarrollarlas hasta donde sintiera necesario. No tienen orden específico, son simplemente un puñado de líneas lanzados cuales flechas, en un intento vano de catarsis… si es que se puede llamar así. Al final, creo esto es más un coñazo de incoherencias. Whatever.)

Nota: cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia. Cualquier alusión a un tema o persona probablemente no sea accidental.

Me irrita que hagan repetirme, o que me cuestionen, bien sea en cuanto a decisiones o acciones. Me hace sentir que no soy alguien de confianza, o que mi juicio siempre está en duda. Coño, si digo que haré una cosa es que así será. Si digo que no, es NO; si digo si, es SI, y si digo no sé, demonios, es NO SÉ. No entiendo la puta maña de jalar bolas en busca de explicaciones que no son necesarias. Esa es otra, la jaladera de bolas. Yo no ando jalando bolas, así que no veo tampoco la necesidad de hacerlo conmigo. Si, soy un maldito déspota y desconsiderado, pero coño, hablo demasiado claro, conciso y preciso (la mayoría de las veces… creo). Y lo hago una sola vez de manera que se pueda entender con claridad. Digo esto porque, por poner un ejemplo, siempre en casa me cuestionan hasta en la más mínima mariquera que haga: voy a salir, un interrogatorio; voy a hacer un regalo, una crítica; hago un comentario, se van por  tangente y por ahí se encadenan. ¿Acaso les cuesta tanto entender que no voy a comerme la condenada berenjena porque la vomito? ¡Coño!

No soy quién para decir esto, pero creo que una de mis virtudes es la lealtad. Soy en extremo, jodidamente leal, sobre todo a mis amigos (a las causas no tanto, por lo general me traen problemas, y no son rentables). Aparte de la lealtad, está la cuestión de la honestidad. Soy muy malo mintiendo, sobre todo de asuntos que son de importancia. Prefiero no hablar, irme por la tangente o usar símiles, a mentir descaradamente. Claro, mis criterios de “ser honesto” y “mentir”  son un poco vagos, respecto al del común denominador, pero, de nuevo, prefiero no hablar a lanzar un comentario jodidamente honesto, que sé ofenderá a quien lo reciba. No, no son “mentiras blancas”, es tener un poco de diplomacia. Muchos pensarán “el que calla, otorga”, pero por mí se pueden ir a la mierda; no creo en dichos utilizados como excusa argumentativa, demuestran escasez intelectual. Si, soy reverendo déspota: si no te digo algo, pues te aguantas hasta que sea el momento en que deba decirlo. Y más te vale, coño.

Otra cosa, soy jodidamente perceptivo, o intuitivo, o detallista. No, observador sería el término más apropiado. Aunque todo lo anterior también cuenta. Como sea, una maña que tengo es la de estudiar a las personas, y el ambiente que las rodean, sin razón alguna. Lenguaje corporal, expresiones faciales, la mirada, micro-gestos, etcétera. Es algo instintivo. Y, de nuevo, no pretendo sonar arrogante ni nada, pero creo que lo hago tan bien, que ya puedo hacerme una idea (usualmente acertada), de lo que una persona esté pensando o sintiendo; sólo me basta con leer a esa persona un poco. Diría que también tiene algo de empatía metido por ahí. Tampoco es que se lo diga a la otra persona, por razones obvias. Aunque a veces puede servirme para cualquier posible soliloquio que pueda tener con ella. No sé.

Esto me lleva a atar cabos con relativa rapidez, lo cual es un pro y un contra a la vez. Muchas veces me basta sólo por cómo me escribe o habla alguien, para saber que pasa algo, e inclusive hay ocasiones en que sé la razón. Diría que también el timing influye, pero ya es llevar las cosas a un plano casi fantástico. Un ejemplo es algo que me pasó recientemente: una amiga rompió con el novio hace poco más de un mes, o algo así. Cuando me habló entonces ya yo sabía el motivo, inclusive sin ella haberlo hecho público, y no fue sino hasta hace dos días que me explicó a fondo. Al escucharlo me hice el sorprendido, aunque en realidad me sentí un poco mal. Si, a veces es “bien” o “conveniente” saber lo que otra persona está pensando o sintiendo, pero ciertamente te sientes como una plasta de mierda cuando te terminan dando una noticia así. Bueno, por lo menos en mi caso.

Sin embargo, hay unas pocas veces en las que siempre surge la duda, la incertidumbre. Aparecen esas interrogantes que te carcomen la consciencia. Empiezo a cuestionar mi propio juicio, pienso que estoy pensando demasiado, y que debería dejar de pensar, lo cual pienso muy pensadamente y termino dejar de pensar. Y es cuando dejo de pensar que suelo distanciarme de esa persona, lo cual es bastante injusto, la verdad. Ya me ha pasado en demasiadas ocasiones. Es como un mecanismo de autodefensa. La razón es deducible. Las circunstancias, más aun.

Pero, en esta ocasión… quiero pensar. Si, muchas veces estoy en un estado de ansiedad, de intriga, de duda. Pero no importa. Es la primera vez en mucho tiempo que decido seguir pensando, especulando, imaginando. Es el misterio que quiero resolver, es el vicio que quiero adquirir, y tal vez, nunca dejar. Espero no me afecte mucho, por ahí rueda un dicho, “el que piensa mucho, se vuelve loco”, o algo así. Aunque bueno, ya me ha dicho que estoy loco.

Estas últimas semanas me han dado lecciones de vida que agradezco en demasía. Si, siéntanse aludidos, todos ustedes que ya saben quiénes son. Aunque casi ninguno lee este blog (o sabe de su existencia), a decir verdad. Pero igual.

Hace poco descubrí a una autora y poeta norteamericana, Dorothy Parker. Apenas he leído tres historias cortas, pero son fascinantes. No sé si es por el hecho de la omnipresente sátira, sus encantadoras ocurrencias, su ingenio mordaz, su terrible franqueza, o el inconfundible parecido que tienen entre sí. No importa lo inercial de mi razón, simplemente no sé. Cada vez que leo, me recuerdo, y sonrío. Me fascinan. Me fascina.

Mi horario este semestre es un asco, como de costumbre. Entro cuatro días a las 7AM,  y salgo dos a las 8PM y, como siempre, hay agujeros dimensionales de entre 4 y 9 horas entre clases, lo cual hace de mis días un suplicio. Sin embargo, pudo haber sido peor, ya que logré hacer cambios de horario en dos materias que hubiesen hecho de este semestre una tortura: una por el hecho de salir otro día tarde, y más aun siendo un viernes; la otra por la profesora, que es una @#$%%^#$!!) &^$@#é¿ä®þü del €¼é®þ©µ&^%$% de su %^$^@#_)(ü¤€é, y que casualmente me odia :).

El lunes empecé clases, y ese mismo día realicé dichos cambios de horario. Los lunes, casualmente, tengo que calarme uno de esos agujeros pandimensionales, de 9 horas en este caso, entre las dos veintiúnicas clases que tengo ese día; pero como apenas estamos empezando, decidí aplicar la misma estrategia de siempre: quedarme un rato hablando con gente, irme a la casa a almorzar y luego regresarme para ver la otra clase. Esto sólo lo podré hacer como por 3 ó 4 semanas más. Luego, se acabó el bonche.

Además de empezar clases, me reencontré con amigos y conocidos, y procedimos a echar nuestros cuentos respectivos de vacaciones (o verano), así como cualquier otra pendejada que viniese al tema. También resumí mi rutina (más bien maña) de darle masajes a una amiga, a quien, según ella, le debo ya como 3 meses. Es bastante satisfactorio, a decir verdad: ella se relaja, yo me relajo (si, masajeando me relajo). Aunque a decir verdad, creo sería más satisfactorio me diesen un masaje. Lo necesito.

 Anoche hablé por teléfono con mi mejor amiga, primera vez que lo hago desde hace casi un año (creo). Ciertamente me emocioné con el prospecto de hablar paja, tanto que me pasé de la cuenta (casi dos horas en ese paquete), pero fue bien. Hablamos cualquier cantidad de cosas que no hemos podido hablar y, en esta ocasión, le comenté de mis pensamientos en rapport à ciertas circunstancias y eventos. Dicho de otra forma, anoche hice catarsis hablando con ella (por lo general suele ser al revés). Hasta el momento han sido pocas las personas con las que he hablado del tema, y casi todas me han dado opiniones similares. Sin embargo, anoche el caso fue otro. La opinión fue completamente opuesta a la que esperaba, lo cual me dejo en parte sorprendido. En cierto modo no me lo esperaba, pero dado el ambiente, y el hecho de que me conoce demasiado bien, era plausible su respuesta. Eso, y también porque se estaba durmiendo (aunque ella lo niegue). Aun así, me alegró bastante hablar con ella, y que me haya dado un par de bofetadas para retomar rumbo (aunque tal vez no llegue a atinar). Pero, para eso es mi mejor amiga, ¿no?

¿Mencioné que esto está plagado de muchas incoherencias?

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