Catarsis Malograda (III) – Divagando

En teoría abrí este blog para hacer catarsis, lo cual siento no he hecho del todo bien desde el momento de su creación. Siempre termino escribiendo sobre cualquier pendejada totalmente fuera del contexto de lo que implica hacer catarsis, aunque técnicamente sea una. Este puede ser un ejemplo. No sé, digo yo.

Antes solía escribir sobre temas más profundos, o tal vez más desarrollables. Surgía una idea de manera espontánea, le metía algo de paja, et voilà: un post nuevo. Bueno, en teoría es lo que sigo haciendo, inclusive en este preciso instante. Creo.

Miento. No son desarrollables. Últimamente son temas que empiezan de una manera genial, y termino casi por forzarme a terminarlo, como una obligación. Es mi puto orgullo (a falta de mejor término) lo que me impide dejar a medias algo y terminarlo luego. Es el típico “ahora o nunca”, “do or die”, “cero o uno”. Si dejo algo por la mitad, para cuando lo retome sé que estaré con menos ganas de completarlo. Soy un tacaño en cuanto a realizar tareas se trata.

Lo cual me lleva a un tema del cual a veces es difícil hablar: mi personalidad. No por el hecho de la privacidad, o los riesgos de que algún amigo y/o conocido lea el blog (ya a estas alturas poco importa), sino porque basta con leerme para saber cómo soy. O por lo menos es lo que ya me han dicho.

Describirse a uno mismo es una tarea, a mi parecer, un tanto difícil. Eso de decir que soy “buena gente, pana, preocupón, etc”, no me parece sea algo que tenga derecho de hacer. Siempre tiene que estar presente la opinión de otra persona para contrastar tu subjetividad, y a partir de ahí sacar una conclusión aceptable ante el mundo. Y cuando digo “el mundo” no me refiero a los demás, me refiere al propio de uno.

Sin embargo, así como es necesaria la opinión de un tercero, también es necesaria la auto-crítica. A decir verdad, no estoy del todo claro de cómo es el proceso para hacer introspección objetiva sin castigarse mucho, aunque si estoy claro que es bastante útil en momento en los que estoy propenso a un estado “emocionalmente inestable”. Esto me regresa a dos puntos que mencionaba anteriormente: escribir posts desarrollables y hablar de mi personalidad.

Si bien es cierto que utilizo este espacio para narrar mis desventuras y cualquier otro acontecimiento que haya vivido, creo todavía no es un bueno momento para empezar a hablar de cosas tipo “mi vida sentimental”, y cualquier otra cosa “marika pues”. Y de hecho, es una regla tácita, que me entero existía, y que he cumplido a cabalidad durante la existencia de este blog… hasta hace un tiempo.

Sí, desde hace unos cuantos posts estoy escribiendo sobre asuntos que son de índole personal hasta cierto punto: que si “cómo me siento respecto a”, “me pasó tal cosa”, y etc; utilizando, evidentemente un montón de símiles para no ser demasiado evidente (aunque nunca he sido bueno embasurando contenido). Pero a todas estas, el quid del asunto radica en que son asuntos que debería tratar con introspección, a mi parecer, aunque a veces sienta que tengo que escribirlo para quitarme un lastre de encima. Y he aquí que entra en juego el dilema, las preguntas, el cuestionamiento: ¿en realidad puedo escribir este tipo de cosas? Y de ser así, ¿acaso es necesario?

Tal vez sea por el típico estereotipo de “sólo las mujeres hablan de esas cosas en sus blogs”, o que alguien conocido cercano lea ese tipo de cosas (que a estas alturas de siglo 21 ya no importa). No lo creo. Tal vez sea por el hecho de que prefiero más verbalizar oralmente ese tipo de asuntos a escribirlos. ¿Será exposición de mi intimidad? ¿Auto-violación de mi privacidad? ¿Prostituir mi percepción de la “confianza”? A decir verdad, todavía no doy con una respuesta que me sea satisfactoria.

Y, como suele suceder, siempre termino con alguna incoherencia, bien sea de generalizada, o al final de cada post, justo como este mismo. Si alguien logró entender la incoherencia compuesta por los 9 párrafos anteriores, entonces quiere decir que ha logrado conocerme un poco más (o por lo menos eso es lo que me gustaría pensar). Si no es así, entonces quiere decir que debería dejar de pensar en mariqueras mientras escribo, sacudirme los emocionalismos incongruentes y, como suele decir alguien a quien admiro (y aprecio) mucho, “pegar el culo a la silla, devanarme los sesos, y escribir.”

O eso es lo que quiero creer.

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