Breves Reflexiones: “Jiro Dreams of Sushi”

‘Muchos de ustedes se preguntarán por qué rayos estoy escribiendo sobre sushi,’ es lo que me gustaría decir, pero esta frase ya ha sido empleada por la vasta mayoría de los blogueros que han visto el film-documental Jiro Dreams of Sushi. Es inevitable. Nadie se toma la molestia de sentarse un par de horas para ver una síntesis biográfica de un viejito de 80 y pico de años, tesoro viviente de Japón, y considerado el mejor chef de sushi en el mundo. No, nadie lo hace.

No pretendo escribir un review sobre dicho film, mucho menos soltar una perorata sobre mi hedonismo culinario y preferencias gastronómicas que evidentemente me dejarían en la quiebra. Más bien, me tomaré la molestia de hacer una pequeña y breve reflexión sobre la temática subyacente del mismo, haciendo una especie de interpolación bizarra con mis vivencias y circunstancias familiares, así como también un poco de la incoherencia característica de mi estilo narrativo.

El film empieza con escenas cotidianas de Tokyo, pasando por acontecimientos clave en la vida de Jiro, todo mientras suena Tchaikovsky de fondo, para finalmente llegar a unas breves líneas introductorias por el afamado chef:

Una vez te hayas decidido en tu ocupación, debes sumergirte de lleno en tu trabajo. Debes enamorarte de tu trabajo. Nunca te quejes de tu trabajo. Debes dedicar tu vida a perfeccionar tus habilidades. Ese es el secreto del éxito, y es la clave para ser considerado honorablemente.

Este cuasi-manifiesto, que representa parte de su filosofía de vida, podrá parecer bastante anticuado en esta época que estamos viviendo. Sin embargo, condensa en un puñado de frases lo que es la esencia, el espíritu, la constancia y dedicación de un hombre a la vida.

En la actualidad es difícil conseguir gente que se especialice en un oficio en específico con el talento, la dedicación y la pasión que se requieren para crear verdaderas obras de arte, irrelevantemente del área. Carpinteros, orfebres, pintores, diseñadores, arquitectos, sastres, modistas, chefs: cada día se vuelven una especie más rara, recóndita e intangible. La diversificación de gustos en la actualidad ha llegado a niveles tales, que la apreciación por lo simple y puro de un arte ha pasado a un plano secundario, dejando a creadores sin otra opción que adaptarse a una sociedad y cultura siempre cambiante, cada vez más llana y vacía, intentando pisotear los caprichos efímeros, vanos y pedantes del vulgo.

Hago este inciso, ya que no necesito irme a Tokyo para conocer a un miembro de esta “raza rara”, cuando en mi propia casa le veo todos los días: mi madre. Siendo modista y diseñadora de modas, ha dedicado toda su vida no sólo a perfeccionar su trabajo, sino también a criar a 3 hijos (incluyome todavía en el proceso). Y son esta dedicación y perseverancia lo que ha llevado a mi madre, al igual que Jiro,  a innovar, crear y soñar con su trabajo, sin perder en ningún momento un ápice de su esencia.

De vuelta al film, cabe destacar, además, que las circunstancias que rodean la formación íntegra como persona de Jiro tienen cierto parecido con las de mi progenitora: “abandonado” a los 9 años, empezó a trabajar a esa edad, y continuó así su vida, bajo el precepto de “el que no trabaja, come paja”. Si uno lo ve desde cierto ángulo, puede llegarse a la conclusión de que esa actitud es un tanto reduccionista, pero basta con analizar un poco el trasfondo para caer en cuenta que no todos vivimos bajo la misma plantilla. No importa en qué sociedad estemos, o en qué época vivamos, todos tenemos vivencias y circunstancias distintas. Algunos son más afortunados que otros, pero, de nuevo, es sólo un tinte del cristal por el que se contempla el panorama.

Una de las cosas que me llamó poderosamente la atención del personaje de Jiro, es su alto nivel de disciplina. En un momento dado del film mencionan que es tan auto-crítico y duro consigo mismo, que muchos chefs no le llegan a los talones en cuanto a la búsqueda de la perfección en su trabajo. Y no sólo es duro consigo mismo, sino también con sus aprendices, especialmente sus hijos, sobre todo el mayor. Es ese esfuerzo en transmitir su esencia y legado a su descendencia lo que me pareció en parte conmovedor, aun cuando a primera vista sus métodos sean considerados déspotas y arcaicos.

Y es el tema con el hijo mayor de Jiro con el cual me identifico más, no por el hecho de tener la responsabilidad de seguir la obra del padre, sino de la enseñanza, simple y sencilla, que éste le dejó:

Siempre mira adelante y por encima de ti. Siempre trata de mejorarte a ti mismo. Siempre busca elevar tu arte.

Personalmente, considero este como uno de los preceptos más personales que he leído. Ciertamente es una frase en extremo re-utilizada, pero es inevitable internalizarla por largo rato. Uno siempre busca la manera de hacer las cosas no sólo bien, sino mejor. Yo, en lo particular, aun cuando soy un vago empedernido, siempre busco mejorar en todos los aspectos, aunque el camino sea largo y el andar se haga lento, a veces adrede.

Un elemento que es omnipresente en el film es la simplicidad. No hablo en el sentido técnico de la película como tal, sino en la importancia que se le da en el trasfondo: la simplicidad de Jiro como persona, en el sentido de humildad y constancia; la simplicidad de su técnica, como medio para alcanzar la perfección; la simplicidad de los argumentos bajo los cuales transmite su legado y esencia. “Máxima simplicidad conduce a la pureza,” es la descripción de la filosofía en su arte.

En líneas generales, Jiro Dreams of Sushi no es solo un documental pseudo-biográfico con exceso de food porn y música clásica genial, sino también una invitación a reflexionar sobre la importancia de ciertas cosas, que creo cada día que pasa se pierden más y más: el sentido de nuestro esfuerzo, la esencia de nuestro trabajo, la simplicidad de la vida, y la búsqueda de la mejora personal.

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