Catarsis Malograda (XI) – Venezuela, país del ridículo.

NOTA: este es un post catártico, y bastante precario (el mismo título así lo denota). No te lo tomes muy en serio, de lo contrario puedes terminar con ideas absurdas y completamente alejadas de la realidad del mismo. No que me importe la objetividad con la que haya escrito esto, ni con la que puedas hacer algún comentario argumentativo. Si eres economista, no me pares bola, estoy divagando. Si eres algún polarizado extremista, pues fuck you, ve a joder en otro sitio, como Aporrea. Y si eres un enchufado, y te sientes ofendido por algo aquí escrito, pues excelente: la gente que se siente ofendida debería sentirse ofendida. Y fuck you, too.

Hace poco estaba ocioseando (si es que existe esa palabra, y si no, pues la patento) en un reconocido portal de clasificados de inmuebles, viendo, evidentemente, precios de inmuebles a la venta. En específico casas. Puede que sea algo un tanto masoquista, teniendo en cuenta mi background económico (si, soy un pelabola y lo recalco, coño), y la tétrica situación en la que se encuentra el país en el mismo ámbito. Pero no, en realidad tenía curiosidad de saber hasta qué nivel de ridículo es capaz de llegar el venezolano en tiempos de crisis. Y vaya que ha superado todas mis expectativas.

Ahora bien, todo esto vino de estar, como siempre, ladillado, clickeando de página en página, de Google a Wikipedia and beyond, y de alguna forma un otra vine a dar con el anuncio de venta de un castillo (si, castillo) a las afueras de Aberdeen, Escocia. Bueno, más que de venta, es un anuncio de subasta, pero igual, de todas formas van a vender el lugar. He aquí algunas fotos del castillo.

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(Más fotos e información por acá)

Al principio no había visto por ningún lugar el precio inicial de oferta, el cual asumí rondaría por los 3 o 4 millones de libras esterlinas. Pero no. El castillo, que data del siglo… XIV, o algo así… no sé, de hace muchos cientos de años, tiene un precio inicial de £1,350,000. One million, three hundred and fifty thousand pounds fucking sterling, mate!

 Coño… ‘sa vaina ‘tá barata!

Luego de haber digerido todo el anuncio (que incluye hasta los planos del lugar), decidí pasearme por el susodicho portal web, que publica clasificado de venta y alquileres de inmuebles, para ver si lograba conseguir algún sitio, alguna edificación capaz de codearse tanto en precio como en arquitectura y construcción, al humilde castillo que ya habrán visto.

Para ello, me dediqué a revisar, sin orden alguno, el precio de venta de las casas en Caracas, irrelevantemente de la zona geográfica (casi, revisé en todos lados menos en Libertador), y he encontrado algunas cuantas cosas curiosas. Empezando porque vivo en la capital de esta república bananera, o como diría un estimado bloguero, esta “aldea inflacionaria tercermundista,” ya se pueden esperar precios que superen las 7 cifras. Hasta hace unos meses, dichos precioes eran “accesibles,” si utilizamos como referencia el premio gordo de la lotería venezolana, el Kino. Pero ya no.

Asumiendo que ahora el pote del Kino está en promedio por los 6 millones de bolos (me niego a llamar por su nombre propio a esta nuevamente infame moneda), y siguiendo la hipótesis de que un pobre pelabolas, como yo, se ganase ese premio gordo… ni de coña podría costear el promedio de las casas en cualquier municipio, zona o parroquia (menos Libertador, no revisé ahí).

Verán, si se meten en esa página (si todavía siguen sin saber cuál es, háganle un favor a la humanidad y sométanse a una lobotomía), y siguen los mismos parámetros de búsqueda que yo, verán que se ha llegado al extremo del ridículo. Ciertamente Caracas no es el centro de Venezuela (aunque políticamente se han encargado de cagarla duro centralizando todo aquí), y que hay sitios en el interior del país que no son “monte y culebra,” pero coño, vamos a ser realistas: si ya de por sí es jodido vivir acá, ¿cómo coño se bandea la gente en el interior?

Como sea, volviendo al meollo del asunto. Si hacemos un cálculo pobremente redondeado y muy encimero, el precio promedio de una casa en Caracas (menos Libertador) no baja de los 15 millones de billetes de Monopolio versión Venezuela.

Ciertamente hay un número considerable de viviendas cuyo precio está dentro del rango de pote hipotético del Kino pero, o quedan en el culo (literal) del mundo, o están dentro de una zona de guerra. Y creo que nadie, en su sano juicio, y en el hipotético caso que sea el afortunado ganador del hipotético pote de 6 millones de boliñangas del Kino, compraría una vivienda en una zona de guerra (ya saben a qué me refiero).

Ahora, no quiero convertir este post es un análisis de la crisis habitacional en el país, ni de lo jodida que está la economía en esta verga. Para eso están los economistas, los especuladores y los ranchos verticales de la GMVV (Gran Misión Vertical-slum Venezuela). Al contrario, quiero resaltar la capacidad ilimitada del venezolano de hacer el ridículo, bien sea por ego, o por ingenuidad.

Si se fijan, en el susodicho portal hay una opción en el buscador de filtrar los resultador por “Mayor precio,” “menor precio,” etc. Bien, si van por la opción obvia (menor precio), se fijarán que hay un número considerable de viviendas cuyo precio puede ser costeado por el afortunado hipotético ganador del pote hipotético de 6 millones del Kino. Ahora, si pulsan la opción contraria, la de “Mayor precio,” empezarán a notar hacia dónde quiero encaminar este post.

Seré franco, explícito y directo: no hay venezolano promedio que, ni ganándose el Kino todas las putas semanas, pueda comprarse una casa en Lomas de Las Mercedes, valorada en 192 millones de bolívares. Nadie. No fucking one. 誰も. Enginn. Niemand (¿en cuántos idiomas tengo que escribirlo?) Tal vez algún empresario dueño de algún conglomerado de alimentos o de la flota petrolera del país. Tal vez algún mogul de las telecomunicaciones o algún extranjero multimillonario. Posiblemente algún enchufado medio gordo prepotente cuya calva no va con el apellido, o el remedo del bigote de Saddam Hussein que está sentado en Miraflores. Y aun así dudo que estos individuos sean capaces de costeársela, porque posiblemente uno de ellos sea el propietario.

Y es aquí donde queda en evidencia lo ridículo del venezolano en tiempos de crisis. Al publicar este tipo de anuncios, por mi mente sólo pasan tres posibles perfiles de propietarios.

  • Uno, el perteneciente a alguna familia de alta alcurnia, cuya ascendencia es eminentemente extrajera, y que está desesperado por largarse de este atolladero, y publica un número de sus tantas propiedades con las esperanzas de venderlas al mejor postor. Sin embargo, no puede vender sus preciadas posesiones, adquiridas con tanto esfuerzo a través de las décadas, a cualquier precio, así que lo va ajustando con la realidad económica. Lo cual no hace más que mermar las ya inexistentes posibilidades de adquisición por parte de otra persona (que no es nuestro hipotético ganador del Kino).

  • El otro, por su parte, es el propietario que está cómodamente asentado en los cimientos de su propiedad y que, por alguna extraña razón, puede costear el mantenimiento (y abastecimiento) continuo de la misma. Este individuo, cuyo trasfondo familiar y/o socio-económico no es necesariamente el más apto, puede que simplemente publique sus propiedades en plan de pavonearse ante un público cada vez más ahorcado por las posibilidades económicas que ofrece nuestra “maravillosa” patria.

  • El tercero es la forma más bizarra, ya que es una amalgama de los dos anteriores: es el propietario que está con la soga al cuello, que no puede vender su casa (pero que tampoco puede bajarle el precio), y que al parecer publica el anuncio como diciendo, “¡Jo-jo jo! ¡Mira, mira! Vivo en una súper-casota que ni puedes costear, ni yo puedo mantener, y tu vives en una pocilga, ¡jojo!” Este es el propietario más improbable, pero de todas formas lo coloco, porque en este país uno puede encontrar cualquier mierda posible.

 Ahora, extrapolando un poco, y haciendo comparaciones un tanto utópica: el castillo que mencioné al principio, y cuyo precio esta el 1.35 millones de libras estaría, al cambio oficial, en Bs. 13.070.484, lo cual  estaría dentro del rango adquisitiva el algún muy afortunado, e igualmente hipotético, ganador del algún extraordinario pote del Kino en el cual hubo ganador por un mes, o algo así. Repito, es en un caso hipotético y utópico, en que CADIVI nos deja adquirir sumas ilimitadas de divisas, aun con la economía ahorcada. Y es así como nos ve el resto del planeta Tierra, señores.

 Allá afuera, en el mundo real y tangible, beyond La Guaira y Morrocoy, nadie sabe qué coño es CADIVI, ni les interesa saber. Si acaso saben que Venezuela es un país, y eso por el Miss Universo, Chávez y Sean Penn. La gente allá, en los países primermundistas, sacan estas cuentas, y dicen “Oh, things aren’t that bad over there!” Claro, ahora pon la puta “casita” en Lomas de Las Mercedes, ¿cuánto costaría, en el mismo escenario hipotético, en libras esterlinas? La respuesta: £19.789.734. No joda, cualquier británico que no esté al tanto de lo que pasa acá, jura y perjura que somos el fucking Dubai de Suramérica. Carajo, ¡sólo falta que nuestro papel higiénico sea verde y tenga la cara de Benjamin Franklin estampada!

Pero, alas! Ni papel higiénico hay en esta pocilga. No hay ni carne, ni leche, ni huevos, ni azúcar, ni harina, ni luz, ni presidente, ni seguridad, ni un coño de la puta madre. Sólo hay patria, y la cuerda de mequetrefes que no paran de hacer el ridículo, diciendo que vale más la patria en la que no hay un coño de la madre que la mierda seca que no se pueden limpiar del culo.

Posiblemente haya escrito esto porque sueño algún día con tener una casa propia, y vivir en paz y tranquilidad, en un país en donde las cosas sirvan. Si, soñar es gratis. Por eso yo sueño con una casita en algún suburbio de Londres, no en un mojón de 200 millones en Las Mercedes. Soy realista.

P.D: Por cierto, si se preguntan por qué no incluí al municipio Libertador en mi “estudio,” la razón es muy sencilla: odio/aborrezo/detesto el centro de Caracas, y eso está en Libertador. Si, generalizo que jode, pero francamente ¿a quién coño le importa eso?

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