Catarsis Malograda (XII) – The Price of “Liberty”

NOTA: gamelote y roña presentes en el post. Leer bajo propio riesgo.

Como casi nadie sabe, en Octubre del año pasado ingresé oficialmente al no-tan-exclusivo “Club del Consumismo y Endeudamiento Desmedido”, recibiendo en el proceso una dorada “cualquiervaina.” Evidentemente, y como era de esperar de alguien de mi perfil, no tardé en tramitar el cupo electrónico de CADIVI, así que también pertenezco al igualmente no-tan-exclusivo “Club de Pelabolas que Compran Cualquier Vaina por Amazon.com y las trae por Liberty Express.”

Estar en este club te trae beneficios que son fácilmente palpables por cualquier persona: traer artículo de nula necesidad a precios de ganga, para luego hacer con ellos lo que mejor parezca: en algunos casos, revenderlos a precios ridículamente estratosféricos; en otros, evitarse adquirirlos a dichos precios, para poder “disfrutarlos” sin hipotecar tanto el bolsillo. Sea cual sea el caso, traer cosas por Liberty Express se ha convertido en el negocio predilecto de muchas personas, sin importar edad o estrato social. Sin embargo, no puedo evitar hacer alusión a cierto proverbio grindo respecto a esta nueva fuente de “felicidad” y conveniencia…

 “Liberty Express no es la panacea.”

Así de simple. Puede que el utilizar este servicio de courier facilite enormemente el raspado del cupo electrónico la adquisición de productos de cualquier gama a través de Amazon.com. Puede que ya no tengamos que depender de un P.O. Box en Miami, que cuesta una pelota y media mantener, o de algún amigo/conocido/familiar/pana que haga un viaje a Gringolandia para pedirle el favor de traerlo. Sin embargo, todo lo “bueno” siempre trae algo malo.

Liberty Express surgió como una solución para estos escenarios cada vez más comunes. Surgió a partir de una “necesidad,” teniendo en cuenta la situación actual del país, para aquellos individuos que, de alguna manera u otra, “necesitan” importar productos que, redundando en el argumento económico del país, sería “no rentable” adquirir aquí. La verdad, me parece que fue una excelente iniciativa por parte de aquellos que le vieron potencial. Coño, es que hasta el slogan vende, “Siente la Libertad de comprar por internet.” Sin embargo, el problema no radica en la conveniencia o el potencial del servicio, sino en la calidad del mismo.

Una de las críticas que tengo de los servicios de courier en Venezuela es la calidad del servicio. El courier por excelencia aquí es MRW. Uno no dice “envía el paquete por un courier” o “envíalo por correo”, uno dice “manda esa verga por MRW y que se cobre en destino.” Y si bien esta compañía ha logrado con hacerse de un porcentaje grotesco del mercado, ello ha sido gracias a que sus tarifas son condescendientes y a que, no importa en dónde carajo estés, el paquete siempre llega el día siguiente (a menos que te lo envíen un viernes, ahí te jodiste).

Claro, MRW puede ser el pene de oro en cuanto a envíos a nivel nacional, dándole cock-slaps a la competencia (Zoom, Domesa, etc), pero sin importar cuál sea el courier, la astilla que sobresale del tótem es la calidad. Verán (y para no dar tantos rodeos), estadísticamente es imposible que todos y cada uno de los paquetes que son transportados por servicios de courier lleguen en condiciones prístinas a destino. Es virtualmente imposible. Siempre llegan con algún detalle, una mancha, una abolladura, y eso se debe al manejo de los mismo, desde el embarcado hasta la recepción. Son demasiados factores que se deben tomar en cuenta. Sin embargo, estos factores, por lo general son no-controlados, por lo cual son previsibles y esperados, por lo cual se puede controlar todo daño colateral a los paquetes, pudiendo prestar un buen servicio, sin necesidad de degradar la calidad del mismo.

Ahora bien, toda esta vaina no aplica aquí en Venezuela. Eso es paja, mentira, patrañas, un mojón que ni una poceta se cree. Aquí no cala el concepto de “calidad de servicio,” ni de “manejo cuidadoso,” ni un coño de la madre. Aquí los empleados que trabajan en compañías de courier tratan los paquetes como si de pantaletas sucias se tratasen: agarran esa vaina, ven para dónde va, y luego la tiran por ahí, sin importar el contenido del mismo. ¿Que no es verdad? Pues me cago en quien ponga las manos en el fuego dando fe de que no es así: el año pasado mi madre tuvo que pagar Bs.2000 por una vajilla (devuelta) que Zoom le rompió, y ni siquiera transportando, sino cuando la estaban montando en la van de carga; soy testigo de ello. Y lo mismo pasa con los demás courier, ninguno es la excepción.

Ahora, ¿por qué la arrechera? Simple: yo pedí un PS3 por Amazon, y lo mandé a traer por Liberty Express. Craso error: en mi eterna ingenuidad y “optimismo,” creí que iba a poder, por fin, luego de años esperando, jugar cualquier verga en la dichosa consola. Pero se me olvidó un dato obvio: los empleados de Liberty Express, aquí en Venezuela, son venezolanos. Y dado que aquí no hay cultura de “respeto a los bienes ajenos” ni de “calidad de servicio” (ni de un coño de la madre, aparentemente), era de esperarse que el paquete en el que vino recibiera una buena dosis de coñazos, culminando en una consola evidentemente jodida. Uno puede pensar que ha sido más por la torpeza del personal, pero estoy convencido que, realmente, es más por arrechera y ganas de joder, la razón por la cual haya llegado en tal estado. (Ojo, no es que la consola haya llegado vuelta mierda, pero si llegó con la unidad óptica dañada).

Toda esta “tragedia” me llevó a tomar la decisión de devolver el puto PS3. Fui al servicio técnico de la Sony, y lo que me recomendaron fue devolverlo, porque sale más barato que repararlo. Y es así. Prefiero pagar 900 bolos de flete para un posterior reembolso, a pagar 6000 porque la economía en esta maldita aldea inflacionaria tercermundista hace que traer un repuesto de $50 cueste Bs.4800. Y francamente agradezco la honestidad del señor que me atendió, que prefirió negarse a hacerle servicio a la consola, con tal de no violar la garantía y asi poder ahorrarme costos. Mi hermana me dijo para cambiar unos dólares y así pagar el servicio, pero, honestamente, prefiero que me reembolsen los $300 que me costó el bundle, y venderlos; le sacaría más ganancia (aunque la opción de traerme el repuesto por $50 y mandarlo a instalar también es atractiva). Ahora mi principal problema es enviar el traste, dado que las únicas opciones que me da Amazon para enviarlos implican estar literalmente en los Estados Unidos. Fuck my life.

En fin, me arreché. No que estuviera feliz, pero el hecho de llevarme tal chasco, y a principios de año, hace que se brote la vena que tengo en la frente. Más aun porque el imbécil que gobierna esta mierda va a devaluar, y no han activado los cupos del coño (efecto Cupo CADIVI Electrónico). Y uno de huevón aquí, comiéndose el cuento de que sale barato comprar vainas afuera. Al final siempre sales jodido, de una manera u otra.

Definitivamente, la “libertad” sale cara. Más cuando es express.

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2 comentarios en “Catarsis Malograda (XII) – The Price of “Liberty”

  1. ¡Buenas buenas! Hasta donde hemos llegado desde un perrito pintado en algún lugar de la UCAB.
    Perdón por reírme a costa de tu arrechera, pero es que sentí tan identificada que no lo pude evitar. Definitivamente el venezolano es una vaina seria…

    1. Hola! Jajaja si, toda una vivencia y lección de vida. Gracias por tu comentario, espero nos tropecemos en la UCAB 😉

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