End of Year Post – 2014 Edition

The Road Goes Ever On2015: The road goes ever on…

Nma, bueno. No es que tenga mucho que decir respecto a lo que he vivido durante este año. Hasta ahora, y obviando el evidente declive socioeconómico del país, ha sido un año bastante plano. Universidad, amistades, familia, etc, todo eso sigue su curso. Bueno, estoy ya en mi último semestre (técnicamente, aunque en el sistema aparece que estoy en el noveno por tercera vez consecutivam no sé por qué), y tengo que ponerme las pilas con lo de las pasantías/servicio comunitario/shit que tengo que hacer para graduarme. No haré tesis, porque es muy largo y quiero graduarme right now, así que me iré por una pasantía larga (4 meses), y así aterrizo también en algún trabajo fijo. Dos tiros de un pájaro. Tenía planes para largarme del país ASAP, pero dada la patria que ataca con furia, la cosa está cuesta arriba. Como que toca comprar equipo de escalador *ba dum tssssh*

De las promesas (o resolutions) de Año Nuevo, pues no se me ocurre nada, salvo echarle bolas, no desaprovechar cualquier puerta que se abra en mi camino, y crecer como persona y profesional. Ya saben, esas cursilerías obvias que uno pone y olvida hacer. De resto, no sé qué más decir, salvo que tengo que escribir un poco más y andar un poco más alegre por la vida; no vale la pena deprimirse por banalidades.

En fin, que la pasen bonito (quienes quieran que lean esto), coman mucho y jodan burda. Feliz Año, y etcétera. A echarle bolas se ha dicho.

Los lentes y yo.

Recuerdo que la primera vez que mostré indicios de miopía fue a los 9 años. Estaba recién mudado a Caracas, cursando el 4to grado, cuando la profesora guía citó a mi madre, preocupada por mi evidente ceguera. Recuerdo vagamente que fuimos a un oftalmólogo en el Centro Médico de San Bernardino, y que al cabo de unos días ya estaba yo con mis primeros lentes, una torpe y burda imitación china de los Ray-Ban.

Pasarían 2 años y medio antes de que fuese evidente que necesitaba un cambio de lentes. En esta ocasión tuve cambio de oftalmólogo: ahora la consulta era en La Campiña, cerca de la Santiago de León, y el oftalmólogo fue recomendación del oncólogo que atendió a mi madre. Esta consulta, al igual que cualquier otra cosa, la recuerdo vagamente. Lo único que si me quedó grabado en la mente fue el cambio de la fórmula, las gotas para dilatar la pupila, y el tensiómetro intraocular. Cosas que jamás podré olvidar.

Para mi segundo par de lentes, la fórmula de miopía pasó de 2.5 en ambos ojos, a 4.00 en el izquierdo, y 4.25 en el derecho. Ciego de perinola. Y de los Ray-Ban chimbos, pasé a unos Police más ergonómicos, pequeños y visualmente más agradables. Eran ovalados, la montura en cromo mate y hecho en titanio. Y los cristales, que debido a lo alto de la fórmula resultaron Hi-Index, eran antirreflejo, lo cual en ese entonces me tenía todo emocionado.

Esos lentes me encantaban. Andaba con ellos para arriba y abajo, dado que mi ceguera me impedía (y todavía me impide) hacer cualquier cosa sin romper algo en su ausencia. Pero lo que más me gustaba era la marca: “Police”. Me recordaba a mi banda favorita de ese entonces, The Police. Y tenían estilo. Y yo, en particular, sentía que tenía estilo.

Claro, las cosas buenas no duran mucho si uno se descuida. Estos lentes terminaron casi destrozados, gracias a un balonazo me me dieron en todo el rostro durante un juego de fútbol en educación física. Estaba yo en 1er año, creo. Fue la primera vez que me dolió algo, aparte del rostro. Mis lentes terminaron más abollados que un choque en la Panamericana, y con una pata rota. Aquí fue donde aprendí la técnica de usar teipe negro para cualquier cosa.

Para cuando me partieron la cara con la pelota, ya la fórmula estaba más que caduca. Ahí fue cuando adquirí la mala costumbre de saltarme el chequeo anual con el oftalmólogo, postergando consultas un año, máximo dos. Para mi tercer par de lentes, la fórmula ya se acercaba peligrosamente a los 5 puntos de miopía en ambos ojos, y superando la marca de 1.25 en astigmatismo. De nuevo, aterrizamos en la Óptica Caroní de Sabana Grande, nuestra usualmente frecuentada para esta tarea, y salí de ahí con mis nuevos lentes: otros Police. En esta ocasión, eran ligeramente más pequeños que los anteriores, la montura marrón oscura y de titanio.

Estos fueron, sin duda alguna, los lentes a los que más aprecio les he tenido. Aun cuando sufrieron unos cuantos abollones, siempre pude regresarlos a su forma original (o lo más aproximado). Claro, al pasar los años, me arrepentí un poco, ya que mi cabeza había crecido al punto que las patas de los lentes se marcaban a los lados, y a veces resultaba incómodo.

Pasaron otros 2 años, o algo así, cuando me tocó ir a consulta de nuevo, someterme una vez más a esa terrible máquina llamada tensiómetro intraocular, y a la rutina de recibir regaños de mi oftalmólogo por vago. La fórmula aumentó de nuevo, y aunque empezaba a estabilizarse, tocaba sacar lentes nuevos: los cristales ya estaban demasiado rayados como para seguir utilizándolos.

En esa ocasión, mi madre no fue tan condescendiente para con mis pobres ojos. El Hi-Index ya estaba cariñoso, al igual que las monturas, así que mi decidió mandar a hacer los lentes con un tercero asociado al consultorio, en vez de ir a la Óptica Caroní, que siempre ha sido nuestra usual.

El resultado fue inesperadamente desastroso: la montura que elegí era un poco más cuadrada que la anterior, pero la marca era, de nuevo, una china genérica. Y los cristales, aun con su usual recubrimiento antirreflejo, resultaron ser un fiasco total: ya para la segunda limpiada, estaban más rayados que vidrio esmerilado, así que, para evitar realizar el gasto nuevamente, decidí utilizar mis lentes anteriores.

Y así pasarían otros 2 años más, hasta que me tocó ir a cita. Ya para entonces tenía yo 20 años, por lo cual mi oftalmólogo, para añadirle sazón a mi tortura casual con el tensiómetro, decidió mandar a hacerme otro montón de exámenes más, para cerciorarse de que no me estaba quedando más ciego de lo que ya estaba, y para estudiar la posibilidad de operarme. Uno era una campometría, y los otros ni recuerdo el nombre, pero sé que el sitio donde fui tenía muchas National Geographic, un aire acondicionado joeputa, y las máquinas que jugaban con mi vista eran operadas por uno mismo, cual arcade.

Y así, luego de los resultados, en los que terminé con una regresión en la fórmula, terminé con mi cuarto par de lentes. En vez de ir a la Caroní de Sabana Grande, aterricé en el CCCT, ya que era época navideña. En esa ocasión decidí cambiar el estilo: quería algo más serio, profesional, dinámico. Jugué como por media hora con un viaje de monturas, y justo cuando me iba a decidir por una montura Fila, terminé con mi vieja amiga, Police. De nuevo, la marca italiana aplastaba a la competencia, con sus líneas sobrias y montura de titanio.

Creo que mucha gente en realidad no le presta atención a este tipo de detalles. En mi caso, no fue sino hasta hace un tiempo que me di cuenta que siempre he tenido preferencia por esta marca. Siempre veo amigos y/o conocidos con lentes Prada, Dieciotto o cualquier otra marca, pero hasta ahora no conozco a nadie que use Police. Reconozco que, al igual que muchas otras marcas, las monturas no son nada baratas (aunque siempre he tenido suerte y las he comprado cuando hay rebajas de muchos-porcientos). Sin embargo, creo que siempre me he sentido identificado con ellas: sobrias, de carácter, y con estilo. Aunque creo que lo último es de lo que más carezco. Sobre todo cuando termino mordiendo las patas de los lentes, intentando ser cool.

Ya han pasado tres años desde mi última visita al oftalmólogo. Seguramente me recibirá con otro regaño, y el tensiómetro listo para torturarme, cual Alex DeLarge en A Clockwork Orange. Si la fórmula se ha estabilizado, entonces optaré por la operación, para no depender más de los lentes, y así alivianar un poco la carga económica que implica estar casi ciego legalmente. Sin embargo, no importa si me opero o no, creo seguiré utilizando Police. Me gustan demasiado.

“36”

No sé si decir que es mera coincidencia que el número 36 sea mi favorito. Casi siempre me tocaba en la lista de clases durante mi vida escolar. Es múltiplo de 3, contiene al 12 y está en cola con el 42. 36 grados centígrados es la temperatura corporal. Y es la primera vez en 36 días que actualizo el blog. Buenas noches.

Para variar… (VI) – “There and Back Again”

Ok, para ser breve: ya empecé semestre y ando con el stresómetro en 11 de 10. De las 4 materias que veo, 3 me tienen con los nervios a millón. La primera es Humanidades 3. Sí, sonará ridículo, pero una materia tan “nula” se ha agarrado un tajo de estrés en mi haber, simplemente por el hecho de que tengo que hacer una labor social, exposición, informes y trabajos en no-sé-qué-tiempo.

Luego está Física 2. Apenas he visto 3 clases, y el profesor ya nos advirtió que usaremos temas que hace 3 años no veo (desde mis días en la USB), y lo peor es que es pronto. No sé que tanto sea, pero si lo dijo tan seriamente, pues por mí debe ser el lunes.

Y la que corona todo: Programación 2. El profesor llegó la primera clase diciéndonos “¡Búsquense un compilador YA!” y que debemos aprendernos la sintaxis de C para dentro de nada. Y yo de vaina que estoy instalando el puto programa, que me saca un mensaje de “potencial error de compatibilidad” (gracias, Microsoft). Lo único que agradezco es que se me olvidó el condenado Pascal de Programación 1 y sólo me quedó la habilidad de abstracción. Lo malo es que estoy completamente igual que cuando empecé la primera vez: más indio que Pocahontas en la corte real inglesa. O como reza mi frase favorita: “there and back again.”

Y yo estaba pensando en seguir adaptando mi cerebro a estos nuevos retos en estos momentos, pero como ya es tarde, me pondré a ver una película. Adieu!

De vuelta a la carrera (y no precisamente la de Discovery Channel)

Contra todo pronóstico, y contrariando la lógica y el sentido común que debería pulular en una suciedad sociedad “moderna” como la que habitamos (la venezolana), hoy iniciaron las clases en la universidad. Mejor dicho, hoy fue el día en que el 95.98% de la población estudiantil en mi universidad se llevó el gran chasco de la semana al ver que, efectivamente, los profesores fueron puntuales al presentarse en las aulas, dar la pequeña y no-tan-obligatoria charla introductoria y empezar a dar materia. El otro  4.02% estaba en la playa, por eso no supieron nada ni se amargaron la vida.

En mi caso particular, este semestre empezó tal como lo esperaba: lo más regular y nulo posible. Hoy sólo tuve una clase, Cálculo 2, y mi profesora ya empezó a dar materia. No es que me afecte mucho: total, es la séptima vez que la veo en mi vida (qué fail sonó eso). Lo que si me perturbó fue que la profesora no tenga un acento definido: al inicio de la clase no presentaba ninguno, pero a medida que pasaban los minutos pasó por acentos como el árabe, gringo, italiano, francés, españoleto, colombiano/gocho, mexicano, entre otros. Empiezo a sospechar que sufre de múltiples personalidades o que es una espía de la CIA. En fin, detalles.

Sin embargo, este semestre no está fácil: Programación 2 la veo con “Mr. Bean” (después echo el cuento) y Humanidades 3 con una profesora que tiene fetiche con la puntualidad, según dicen las malas lenguas. Y además tengo la fulana labor social, la cual espero no me termine mandando a La Pastora o a algún sitio en el c*lo del mundo.

En fin, ya se me acabaron las vacaciones, y con ellas la posibilidad de hacer el coñazo de güevonadas que dije que iba a hacer pero que la vagancería me impidió llevar a cabo: terminar de pintar el pasillo del piso, practicar programación antes de empezar clases, ver las 14 series y leer las 4 novelas que tengo pendientes, empezar a aprender Java y PHP, meterme a practicar parkour, formatear la computadora y etecé, etecé, etecé. Ahora veré cómo hago un viaje de cosas en 2 días. Adieu!

WIP: editando un AMV en Vegas 7 (II)

Una de las ventajas de tener ScribeFire es que no necesito abrir una tab con WP para poder postear o subir archivos, cosa bastante conveniente cuando estoy trabajando en Vegas y me da lala comer RAM en tabs de Firefox. Como sea,he aquí una screenshot con mi WIP actualizado del amv que espero terminar en un futuro muy cercano. Como verán, un spam interminable de tracks (la mayoría “tachados”), otro spam más de marcadores, y aunque la regla está en segundos y cuadros, en realidad estoy trabajando con bpm para poder hacer un sync más “bonito”. Como sea, otro post producto de la ladilla y ganas de perder tiempo. Adieu!