Catarsis Malograda (XV) – Del “trabajo” y “servicio” en Venezuela

Nota: La mayoría de los blogueros que publican por estas épocas suelen hacerlo de temas “bonitos”, como por ejemplo lo bello que es compartir en Navidad, la importancia de la unión familiar, las dietas, etc. Viviendo en Venezuela, y con las circunstancias que experimentamos a diario, creo que es imposible escribir de un tema parecido. Por ello escribiré mi dosis usual de hate, y hablaré sobre cómo trabaja el venezolano. Este será un post medio anecdótico y aburrido, pero venga, que me gusta echar cuento y hablar grama seca. BTW, no he comido, si encuentran alguna incoherencia, es culpa del hambre. Soy gastropensante.

Como todos sabemos,  la situación económica del país es, empleando términos literarios, “dantesca”. Hiperinflación, un déficit fiscal enorme, el aparato productivo en ruinas, corrupción a millón, liquidez artificial y reservas mermando, todo ello unido a una caída libre en los precios del petróleo (cuya exportación representa casi que el 80% de nuestro PIB) y un gobierno de rémoras agonizantes que no distinguen su boca del ano, son los factores que, en definitiva, representan la ruina casi absoluta de este país. Ahora bien, ¿a qué viene toda esta cháchara económica que ya todos saben, o deberían saber? Bueno, que uno de los factores intrínsecamente ligados a la productividad de un país es el capital, no monetario, sino humano.

Seamos realistas: en Venezuela existe una fuerte carencia de capital humano capacitado y con ética de trabajo. Ojo, no estoy diciendo que no haya un ápice ingenieros, electricistas, plomeros, educadores, abogados, médicos, panaderos, dependientes, operarios, etc., sino que la cantidad de éstos que tienen vocación de servicio es deprimente. Por ejemplo, es cierto que la nómina pública está plagada de gente que está por el dinero, por el PSUV, la palanca, los dólares, el poder, entre otras cosas, pero también hay una buena cuota de profesionales formados, de alto calibre. Por desgracia, los que trabajan bajo el título y con vocación de “servidor público” son una especie rara. NOTA: sé que estoy generalizando, pero también sé que en algunos casos puntuales no es así. No se ofusquen. BTW, este párrafo no tiene mucho sentido, lo reconozco.

Lo mismo pasa a nivel de calle, y lo vemos o vivimos a diario: en el Metro, las busetas, los supermercados, las panaderías, tiendas, en la calle… La vasta mayoría de los venezolanos, de por sí, no tienen una ética de trabajo, mucho menos una cultura de servicio, sólidamente establecida. Y esto viene no sólo de la educación recibida, en casa y en los colegios, e incluso universidades, sino también de la capacidad de raciocinio y autocrítica que tenga cada individuo. A ver, ejemplificaré con algunas anécdotas.

***

I. El queso parmesano

Ayer fui a la panadería a comprar queso parmesano, ya que mi madre estaba preparando una pasta y una imitación de salsa Ragú que le quedó del carajo. Por lo general pido X cantidad de gramos rallados, dependiendo de la cantidad de personas que vayamos a comer. En esta ocasión, voy donde el dependiente (que ni siquiera estaba en charcutería, sino hablando gamelote en la lunchería) y le pido 100 gramos rallados. El tipo no agarró un pedazo de queso, lo picó y lo metió en el molinillo, sino que agarró un paquete que tenía como 3 días en la nevera y pesaba casi 300 gramos, e hizo el ademán de pesarlo.

– “Disculpa”, dije, “yo pedí 100 gramos, no 290”

– “Es que ya está rallado”

– “Yo sé, pero pedí 100 gramos, y fresco”

– “No hay queso parmesano para rallar”

Si había queso, y lo tenía justo frente a mí. Sin embargo, decidí irme a otra panadería, ya que si le decía al tipo que había queso, me miraría con cara de culo y diría algo como “Es que es un peo sacarlo, está muy al fondo”, y yo no me iba a poner jalarle bolas a alguien que ni ganas de trabajar tiene.

II. “Vuelve a hacer la cola”

Hace unos días fui al Central Madeirense a comprar ingredientes para la ensalada de pollo (que al final fue vegetariana porque pollo no conseguí), y al llegar mi turno para pagar, los puntos de pagos en todas las cajas empezaron a fallar. La cajera, al corroborar con sus compañeras que en efecto ningún punto de caja estaba funcionando, me dijo que fuera a pagar a la oficina, que tienen puntos con línea directa, y acto seguido se fue, sin haberme facturado la compra (la canceló cuando ya yo había metido todo en las bolsas). En eso llega la cajera del turno siguiente, la cual me dice que efectivamente debo pagar por la oficina, pero cuando le digo que me tiene que facturar, me dice con desdén “Vuelve a hacer la cola”. No le metí la lata de guisante por la jeta porque ya no me quedaban ganas de pelear, así que me fui a un Unicasa, donde no tuve inconveniente alguno. NOTA: esta anécdota la puse porque simplemente me dió arrechera como me trató la coña.

III. El pollo podrido

Hablando del Unicasa (y así aprovecho de destilar más hate), hace un par de meses fui a comprar unos muslos de pollo para el almuerzo. Al llegar a mi casa, me topo conque el carnicero metió, escondidos, unos muslos que estaban medio podridos. Moraleja: decirle al carnicero que les muestre los productos antes de empacarlos. NOTA: Esto me pasó por pendejo.

IV. El frigorífico

En un frigorífico cerca de mi casa decidieron cambiar la forma de atender a los clientes, y pusieron un sistema por números, bastante rudimentario, pero “efectivo”. No sé si la calidad de atención bajó o se mantuvo, ya que ni chance he tenido de comprar por las viejas madrugonas con 9765434567890 nietos que van a saquear la carnicería a diario y no le dejan chance a uno, pero hace unos días me tocó ir a comprar carne. Lo malo del nuevo “sistema” es que no me atendió el carnicero “pana” de mi mamá, sino un muchacho que tenía pinta de nuevo. Uno, en este tipo de circunstancias, es bastante prejuicioso, y cualquier cosa que se salga de la norma hace ruido, pero no tuve opción.

Sin embargo, y para sorpresa mía, el muchacho resultó ser bastante atento y eficiente (por no decir “pilas”), al punto en que se adelantaba a mí a la hora de empacar (“¿La carne molida en paquetes de medio kilo? ¿Los bistecs simples o les paso el mortero para milanesa?”). Esto me agradó bastante ya que, en otras circunstancias y carnicerías, no suelen preguntarle al cliente cómo quiere el producto, sino que éste tiene que jalar bolas para que le preparen la vaina como es.

***

Estas anécdotas, si bien son de circunstancias mundanas y no tienen como protagonistas a un “ministro de cualquier vaina“, “ingeniero fulano de vainas negras” o al “ilustre doctor magister no sé qué huevonada”, reflejan la calidad del capital humano de Venezuela. Pareciera, y creo que no me equivoco, que aquí la gente no trabaja por vocación ni por gusto, sino por necesidad, y hacen de la necesidad el justificativo de su mediocridad. Soy consciente de que muchas personas trabajan no pensando en cómo hacer un buen trabajo, sino en el “quince y último”, en cómo pagar la tarjeta, en qué llevará de comida esa noche o qué comerá mañana, etc. Por desgracia, la realidad económica y política del país ha tergiversado el norte de existencia de los venezolanos. Ya no trabajamos para crecer, vivir mejor y ser felices; trabajamos para sobrevivir. Y todos, sin excepción, somos víctimas de ello (excepto los enchufados, boliburgueses y robolusionarios).

Sin embargo, esto no debería ser motivo por el cual se tenga que trabajar de mala gana o se preste mal un servicio. Como mencioné, la forma en que se trabaja y se presta un servicio viene en parte de cómo nos inculquen los valores en la casa y en la formación ética en nuestras casas de estudio. Hay casos en los que las personas reciben una buena educación ciudadana y tienen un sentido de pertenencia bastante arraigado, lo cual se refleja en la forma en que desempeñan en su trabajo. Pero lo que predomina en la sociedad venezolana es la cultura de la “viveza”, de ser más “arrecho” que el otro, de pensar en “cómo lo voy a joder”, y esto es consecuencia de la ignorancia. Aun a estas alturas, mucha gente todavía confunde el “servicio” con el “servilismo”.

Ser servicial, o prestar un servicio, no implica sumisión. El que presta un servicio lo hace porque está capacitado para prestarlo, tratar con los beneficiarios de dicho servicio y lidiar con cualquier circunstancia que pueda afectar la forma en que lo presta. Ahora, el servilismo implica que alguien se someta a la voluntad de otro para un fin, por lo cual alguien servil sería, dicho en lenguaje vernáculo, un “jalabolas”. Y aquí entra en acción la dicotomía del venezolano a la hora de trabajar. Muchas personas recurren al servilismo para poder mantener su trabajo o escalar posiciones en el mismo para obtener más beneficios, a costa (o costilla) del trabajo de otras personas. Sin embargo, está la contrapartida: esas mismas personas también esperan que otros le jalen bolas, porque de esa forma también obtienen beneficios. A final de cuentas, es un círculo vicioso en el cual lo que abunda es la “viveza” y el “cómo voy a joderte”, y lo que escasea es la capacidad de autocrítica e integridad de cada individuo. Como dicen por ahí, “por la plata baila el mono”.

Ahora bien, ¿qué tienen que ver todo esto con mis anécdotas? Bueno, si yo hubiese aceptado el pote de queso parmesano al tipo de la panadería, ¿no hubiese sido un acto servil? Yo no tengo por qué estar jalándole bolas para que haga el trabajo que se supone debería estar haciendo bien. De igual forma el carnicero del Unicasa que metió el pollo podrido, ¿no fue eso “viveza”? ¿Por qué no separó el pollo bueno del que estaba malo? ¿No son ganas de “joder”? ¿No es viveza obtener beneficios en detrimento de los demás?

Por otro lado, está el muchacho que me atendió en el frigorífico. El hecho de que me haya preguntado cómo quería que empaquetara la carne o de qué pieza cortar, o qué me haya mostrado cuánto tenía que pesar la pieza para sacar la cantidad justa de carne al quitarle la grasa, no fue señal de “servilismo” ni “jalabolismo”. Simplemente utilizó su raciocinio para agilizar su trabajo, con el fin de que el cliente estuviera satisfecho. En ningún momento trató de “meter gato por liebre”, ni de picar de menos, ni meter carne mala para “ver cómo me jode”. Lo que hizo fue prestar un servicio de una forma honesta y eficiente, y al final puede que de su empleo reciba sueldo mínimo, o tal vez un poco más, pero no influye sobre su forma de trabajar. Pero hay gente que valora el trabajo honesto y bien hecho y que, en agradecimiento, le dejan propinas de hasta 100 bolos, como yo lo hice.

Ciertamente estamos en un atolladero económico, y que la cosa pinta para peor (y que uno no “debería” estar soltando 100 bolos cada vez que vaya a comprar carne). Sin embargo, es necesario tratar de preservar la integridad y de recordar, e inculcar a los demás, que no a través de la “viveza” que uno puede surgir, porque al final todos salimos perjudicados. En Venezuela hay trabajo, y que jode, pero el problema es que a la gente no le gusta trabajar. A muchos le gusta el facilismo, están acostumbrados a que todo salga rápido, quieren ganar plata now y por ello, aunque sean “profesionales”, incurren en prácticas de dudosa moral para obtener beneficios, sin pensar en las consecuencias que puedan surgir en un futuro.

Si bien soy partidario de que cada quién debe trabajar en primer lugar por el beneficio propio, no estoy de acuerdo que por ello jodan a los demás, y de paso, de mala gana. De igual forma, no estoy de acuerdo en que uno tenga que jalar bolas para mantener el empleo o para comprar en un sitio, ni comprometer la dignidad propia. Eso no es trabajar, es un puto fraude, técnico y moral. Y si la gente no se quita la “viveza” de la cabeza, seguiremos viviendo en un país fraudulento, gobernados por gente fraudulenta, y con ciudadanos de moral fraudulenta. Y, al final, Venezuela quedará ante el mundo como un fraude.

Y el fraude, señores, no da plata. La da el trabajo.

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Catarsis Malograda (XI) – Venezuela, país del ridículo.

NOTA: este es un post catártico, y bastante precario (el mismo título así lo denota). No te lo tomes muy en serio, de lo contrario puedes terminar con ideas absurdas y completamente alejadas de la realidad del mismo. No que me importe la objetividad con la que haya escrito esto, ni con la que puedas hacer algún comentario argumentativo. Si eres economista, no me pares bola, estoy divagando. Si eres algún polarizado extremista, pues fuck you, ve a joder en otro sitio, como Aporrea. Y si eres un enchufado, y te sientes ofendido por algo aquí escrito, pues excelente: la gente que se siente ofendida debería sentirse ofendida. Y fuck you, too.

Hace poco estaba ocioseando (si es que existe esa palabra, y si no, pues la patento) en un reconocido portal de clasificados de inmuebles, viendo, evidentemente, precios de inmuebles a la venta. En específico casas. Puede que sea algo un tanto masoquista, teniendo en cuenta mi background económico (si, soy un pelabola y lo recalco, coño), y la tétrica situación en la que se encuentra el país en el mismo ámbito. Pero no, en realidad tenía curiosidad de saber hasta qué nivel de ridículo es capaz de llegar el venezolano en tiempos de crisis. Y vaya que ha superado todas mis expectativas.

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Catarsis Malograda (X)

Bueno, luego de tener este blog abandonado por tanto tiempo, creo es hora de escribir algo, just for the sake of it. Asumo esta será otra catarsis más, en donde hablaré un montón de idioteces y narraré lo cutre y macilenta que resulta mi vida. Como sea, aquí voy.

Ya he hablado anteriormente sobre el trabajo que ahora tengo en la universidad. Me desempeño como cooperador en el área de postgrado de la universidad, específicamente en la parte de apoyo audiovisual. En pocas palabras, instalo video beam en los salones de los profesores que los pidan, o laptops, o retropreoyectores (si, todavía hay quien los usa), o el combo del televisor culo e’ botella y reproductor de DVD.

Como sea, el punto es… el trabajo cansa. No es que me esté quejando pero, como todo trabajo que implique esfuerzo físico, termino agotado al final del día. El horario, de 5 a 9 de la noche, tampoco ayuda mucho, dado que me quita tiempo que podría invertir en, qué se yo, programar o cualquier cosa parecida. Además, trabajo los sábados desde las 8 de la madrugada hasta las 5 de la tarde. Martirio.

Sin embargo, no es tan malo después de todo. Sólo trabajo 3 días entre semana, así que puedo aprovechar los otros 2 días. Y los sábados, por lo general, el ritmo es más pausado, por lo cual puedo estar, tranquilamente, instalado en un salón con mis compañeros de trabajo, aprovechando el rato para estudiar, huevear o cualquier otra cosa que pueda hacer cómodamente en un ambiente relajado, con aire acondicionado.

Ahora bien, mio punto es, si el semestre es un monstruo con 5 ó 6 materias, de las cuales más de la mitad son teórico-prácticas, es evidente que la mezcla de trabajo y estudios van a hacer mella en el cuerpo. Tal como me pasó este semestre. De nuevo, no me estoy quejando (y mucho menos lo haré si me pagan por trabajar). La cuestión es que, luego de haber terminado este semestre, me di cuenta de la importancia del descanso.

Cada vez que empiezo el semestre, chequeo el pensum y hago mis cálculos de cuántas materias me quedan por ver, cuánto tiempo emplearé en ello y toda esa paja, para poder organizarme y planificar mejor mi tiempo. Todo esto con el fin último de graduarme lo más rápido posible, y así no tener que pagar la puta millonada que cuesta el semestre cada vez que aumentan la matrícula un porcentaje absurdo. Y hasta ahora todo ha salido según lo planeado. Hasta ahora.

Resulta que entre mis planes se incluía inscribir una materia este verano para poder sacármela de encima (no prela nada, prácticamente), y una o dos electivas. Pero resulta que dicha materia no la abrirán… porque a la profesora le da ladilla. Y con las electivas me jodí, porque la fecha de inicio de una (que es un intensivo de una semana en IBM), choca con la otra. So, I’m fucked up.

¿Qué quiere decir esto? Bueno, que ahora mi último semestre no será sólo de tesis (y por consiguiente, gratis), sino que ahora tendré que ver 2 o 3 materias ladillas adicionales, así que tendré que pagar todo el semestre por esa vaina. Fuck.

Sin embargo, el meollo del asunto no radico en las electivas, el verano, o la cantidad de materias o semestres que me quedan, sino en la piedra en el zapato de todos los estudiantes universitarios (sobre todo de ingeniería), que se llama “Servicio Comunitario.”

Verán, está bien que se tenga que hacer el SC y todo eso, ayudar a la comunidad desde un ámbito relacionado a mi carrera, etc. El peo es: coño, son 120 putas horas de tu vida que tienes que ir al culo-del-mundo-en-no-sé-dónde, a hacer alguna vaina, para que te firmen un papel, para así poder quitarte ese peso. Claro, podría evitarme ir al culo del mundo en no-sé-dónde y hacer una página web, pero alas! Detesto la programación web.

En fin, haciendo fast-forward. Resulta que logré, ahem, juntarme con dos compañeros para hacer el servicio comunitario, en este caso en una escuela en la carretera vieja vía Los Teques (precisamente en el culo del mundo). Y bueno, tengo que hacer la propuesta de lo que haré en ese servicio comunitario, para mandarla a la Escuela (la mía, no la del culo del mundo) y ligar a que la aprueben, para iniciar el SC y blah blah blah, terminar todo eso.

Ahora, el problema no radica en que el servicio sea en una escuelita en el culo-del-mundo-en-no-sé-dónde, sino el tiempo. Asumiendo que aprueben mi propuesta, tendría que ir todo el mes de Septiembre, y en Octubre también, para allá, a hacer lo que tenga que hacer, y eso implica perder tiempo de trabajo, tiempo de estudio, y tiempo de sueño. Lo cual no importaría si estudiara una carrera con un horario fijo, tipo Administración o Derecho. Sin embargo, en Informática, mi horario está a merced de la aleatoreidad del sistema, por lo cual no puedo saber si voy a estar libre los viernes en la mañana. Y aun eligiendo mi horario, privilegio que tienen los cooperadores estudiantiles (mi caso) y los beca-trabajo, no puedo asegurar que tenga siquiera un horario decente para mi trabajo.

Ya fui a la escuelita en una ocasión, para hacer un sondeo, junto con mis compañeros, de la situación. Pero no fue la experiencia allá, sino el trayecto lo cual me hizo reflexionar un poco sobre lo apresurado de la situación en la que me estaba metiendo. Si, lo ideal es salir del SC lo antes posible para que no joda tanto la vida al final de la carrera. Pero…

Siempre hay un “pero”. Y en mi caso es una mezcla de muchos. Empezando por la carencia de un cronograma definido para realizar el SC, lo cual me impide hacer una propuesta concreta que vaya a ser aprobada por la Escuela (de Informática). Luego está el factor transporte. Además, es un sitio muy pequeño como para que 3 personas hagan el SC sin tener que hacer alguna especie de “chanchullo” (de hecho, una sola persona puede hacer todo lo que necesitan sin problemas, tres son un estorbo) en el informe final.

Sin embargo, el factor que más me jode es la salud. Verán, llevo casi 3 años sin descansar como es debido. He empleado los 2 últimos veranos para adelantar materias, lo cual me deja prácticamente con 2 semanas de descanso en verano. Las vacaciones de Diciember son una falacia. Los feriados atravesados durante el año, más que darme un chance para relajarme, triplican mi estrés.

Como ya mencioné, tenía pensado hacer verano de nuevo para adelantar. Tenía pensado hacer el servicio comunitario. Tenía pensado trabajar. Pero no. Tres años sin descansar hicieron mella en mi cuerpo. Estoy física y mentalmente agotado, aunque no parezca así. Siento que, si me pongo a hacer alguna otra cosa que no sea descansar, voy a colapsar. De hecho, ya colapsé este fin de semana, con una puta fiebre de 39.5 y una tembladera incontrolable (que al final no fue ni dengue ni gripe).

 Por todo esto he tomado la decisión, por el bien de mi salud, de saltarme el servicio comunitario este verano/semestre. Sé que posiblemente me vaya a joder el año que viene, pero prefiero llegar vivo para entonces, que a medio morir, con úlceras y hernias, y sin ganas de siquiera terminar la carrera. Prefiero hacer algo con una planificación sólida, que sé tendrá un principio y un fin, a una vaina improvisada, sin fechas seguras, sólo para salir del paso. Si, sé que quiero salir de una vez por todas de esta vaina, pero no a la machimberre. Mucho menos cuando el semestre que viene es el más filtro de todos.

Por ahora, me voy a descansar… Adeu!

Catarsis Malograda (VII) – Pseudo-reporte post-semestral, y cualquier-vaina-ahí-para-desahogar(me)

Últimamente he evitado escribir al respecto, pero dado que estoy pasando por una sequía grave de ideas, mi musa está desaparecida, y no hallo inspiración ni en el inexistente plato de pasta bologna que quiero comerme en este preciso instante, creo terminaré escribiendo sobre este semestre.

Debido a que en mi carrera, las materias prácticas tienen proyectos, y estos consumen tanto tiempo y esfuerzo que terminan por sentirse como una materia adicional, es normal que evitemos a toda costa meter muchas materias de esa índole. Por consiguiente, nadie en su sano juicio inscribe más de 4 materias prácticas por semestre.

Pero parece que mi juicio se insanificó.

Supongo habrá sido la emoción de poder meter electivas de una, o que tenía el extra-crédito aprobado. En cualquier caso, me pasé de loco al inscribir 6 materias en este semestre, de las cuales 5 son prácticas “fuertes” (Computación Gráfica, Base de Datos 1, Probabilidades y Estadística, Sistemas de Operación y PLC/OPLC), y una materia, pues, “autobús mágico” (Contabilidad General). Definitivamente, un error que, si bien no lamento ni me arrepiento de haber cometido (obtuve un boost en el índice), ciertamente terminó por extremar la cuota de agotamiento físico y mental que llevo arrastrando desde hace más de un año, por todo el régimen de estudios que me he impuesto.

Para empezar, hablaré de las materias de manera breve y puntual:

  • Sistemas de Operación: puro Linux, y saber cómo funciona la computadora. Era la segunda vez que la estaba viendo, y afortunadamente fue la última, debido a una inusual mezcla de suerte con esfuerzo de última hora antes de cada parcial. Moraleja: estudiar como un desgraciado 10 horas antes del parcial no asegura un 19, pero es satisfactorio cuando sucede.
  • Probabilidades y Estadística: una materia bastante fuerte, aunque más que todo por la profesora, que es muy exigente. En esta también tuve suerte, pude haberla clavado olímpicamente por un error muy, pero muy estúpido. Moraleja: hay que referencia toda la bibliografía utilizada. Nota mental: no dormirse descaradamente frente al profesor.
  • Computación Gráfica: esta materia me dio una lección enorme de humildad y responsabilidad, aunque no lo parezca. La evaluación fue un tanto laxa, lo cual hizo que muchos se lo tomaran a la ligera y terminásemos todos con notas inusualmente altas, pero la actitud de muchos de mis compañeros me pareció una falta de respeto hacia el profesor, y me dejó con un cargo de conciencia enorme. Lección: el interés en el aprendizaje es una señal de respeto.
  • Contabilidad General: el “autobús mágico”, que al final terminó por no serlo. Otra materia que pasé por una mezcla de suerte, y boletismo por parte del profesor. Aquí fue donde aprendí que, definitivamente, no sirvo como contable. Moraleja: si montas tu empresa, no seas güevón y contrata un contador. Ellos saben cómo se maneja la pasta.
  • PLC/OPLC: la electiva, el segundo autobús mágico. Aquí aprendí que los semáforos son la falacia más grande del mundo, luego del chovinismo. También aprendí cómo funcionan las lavadoras y las líneas de ensamblajes de la Polar. Y por si fuera poco, aprendí cómo programar máquinas de Nescafé. Lo mejor del asunto: esto va para currículum (no hay ingenieros que manoseen PLC’s, así que algún addendum se puede obtener). Además, mi compañera de laboratorio es demasiado adorable… lástima que se gradúa este año. Moraleja: si los usuarios son brutos, los operadores lo son aún más. Secreto: los semáforos están diseñados para joder la paciencia.
  • Base de Datos I: mi karma en esta parte de la carrera. El semestre pasado me tocó verla con una profesora ¡²³¤€¼ de ³¤€¼ @#@$%^y ®þüú}{(*&^, y cuando vi que la iba a ver con ella de nuevo, pedí cambio de ipso facto, a otro profesor, que resultó ser nuevo. Y muchos sabemos que, “profesor nuevo no es gente”. Al principio fueron muchas las quejas respecto a su casi inexistente pedagogía. Sin embargo, el hombre terminó por reivindicarse (a mi parecer, y sin ser jalabolas), y me dejó una buena impresión, aunque muchos de mis compañeros no hicieron otra cosa sino cizañear durante todo el semestre. Again, esta materia la pasé por obra y gracia del Espíritu Santo  descuido del profesor, quien olvidó corregir una pregunta de 2 puntos en un parcial. Moraleja: ¿quieres plata, un carro, apartamento y una cuenta en dólares? ¡Aprende SQL y trabaja como un desgraciado! Nota mental: aprender PHP y mejorar en SQL, en BD2 me van a joder con eso.

Muchas de estas materias me causaron, en numerosas ocasiones, períodos de desesperación y estrés masivo, durante los cuales lo único que quería hacer era lanzarme al suelo, dar una pataleta y luego retirarme a una esquina a deprimirme. Eso, y horas de insomnio, dolores de cabeza, indigestiones, irritación masiva y un humor en exceso ácido y arisco, durante gran parte del tiempo. Y esto se intensificó en las últimas semanas, ya que durante el asueto decembrino no hice un carajo de la universidad, y decidí procrastinar vilmente (mea culpa). Si, en Diciembre lo que hice fue dejar que la mierda se acumulara día a día hasta que, al llegar Enero, me vi con la mierda al cuello. Pero no joda, salí nadando de ese río de mierda, cual Andy Dufresne, victorioso y esperanzado. Nota mental: no dejes que la mierda se acumule a tu alrededor.

Claro, que estas últimas semanas no sólo estuvieron plagadas de odiseas y periplos académicos. En lo personal, fueron días dominados por una abyecta vorágine de insulsas divagaciones, que no hicieron otra cosa sino dejarme con un dejo amargo en el pensamiento y un reproche injustificado por una nueva aliteración de la misma opereta que juré no repetir. Claro, que ya a estas alturas todo el asunto carece de importancia (debe ser así), aunque es inevitable que termine con un tic en el ojo cada vez que leo, o veo, cosas con tilde de fresas & chantilly (alusiones y demases van por cuenta de la casa). Sin embargo, también hubo momentos y situaciones que me hicieron olvidar un poco el ácido catártico que se cocinaba en mi cabeza, e hicieron más llevadera la situación, gracias a algunas amistades a las que, desde entonces, aprecio más aún.

Como ya ven, este fue otro post escrito for the sake of being written. Mi musa está desaparecida, y en realidad no tengo las ganas como para forzar un tema y desarrollarlo. Supongo me dedicaré a dejarme llevar por la corriente de procrastinación, y recobrar fuerzas para el semestre que viene. Lo cual me recuerda, iba a hablar de ello, pero ya será en otra ocasión. La vagancia plaga mi ser, y ni el corrector ortográfico me molestaré en ver. Adeu!

Catarsis Malograda (V) – Del fin de año, y todo lo demás…

Seré franco: iba a escribir una perorata sobre las mañas que muchos tienen de rememorar el año y escribir notitas con resoluciones para el año nuevo, pero en realidad no estoy de ganas. En realidad no me nace escribir nada, últimamente he estado en una constante de improductividad con tildes estertóreas, un desgane vago y errante. Y creo que esto lo estoy escribiendo más bien por mera inercia, y un compromiso vano para con mi blog, para que no pase a otro dígito calendario estando tan, o más, magro de lo que está.

Respecto a rememorar este año que pasó, no creo que haya mucho que decir. Es lo mismo de siempre, la misma rutina: conocí gente, entablé amistades, unas relaciones florecieron, otras quedaron un tanto agrias, y unas pocas contadas quedaron en un “veremos”, que terminarán, seguramente, siendo otra foto en el álbum del olvid— wait, eso fue en el 2011. Whatever. Logré algunas de mis metas y cometidos, otros quedaron pendientes, otras se fueron al caño. Alegrías y decepciones, todas vanas y efímeras, colmaron, como de costumbre, un año más de cinismo rutinario. Y mis finanzas, bien gracias: en un vaivén perenne, sin rumbo ni propósito, cual gaviota errante por el océano. En fin, un año de rutina inercial, como todos los demás. Tipo normal, pues.

En cuanto a las famosas “resoluciones de año nuevo,” personalmente lo considero una bacanal para engordar mi derrotismo ególatra, lo cual, como estrategia para hacer una especie de Inception bizarro en el cual cumplo, por lo menos, 50% de lo planteado (como ocurrió este año), está bien. Pero, para este año que está por llegar, no creo funcione para nada. Seriously.

En realidad no me queda más nada por decir. A aquellos que ofendí, o les hice daño de alguna manera, pido disculpas. Y en caso de quienes  consideren lo hayan hecho hacia mi, pues, lo que sea, mano. En fin, que pasen una bonita velada, que mañana es otro día más, vulgar, común y corriente. Con la salvedad que 80% del mundo amanecerá con resaca, y en nuestro caso, el 95% de todos los negocios estarán cerrados. Nos vemos en 2013, o algo así. Adeu!

P.S: espero recuperar a mi musa/inspiración para este año venidero, y así este blog no quede más macilento de lo que ya está. Estoy algo así como Dante en la Divina Comedia, sólo que Beatriz ya no está. Literalmente.
P.P.S: y yo que había jurado no escribir nada similar a una de esas “resoluciones”. Cinismo puro. Qué cagada.
P.P.P.S: BTW, este post fue scheduled. Para cuando lo lean, yo estaré fastidiado en una misa de fin de año, as per usual.

Catarsis Malograda (IV) – Más divagaciones…

En teoría, este post es de catarsis, aunque siento que no será así. El título se lo puse sólo por ponerlo y que sonara “normal”, porque de haber sido algo como “Confesiones” o “Drenado” habría sonado muy… jeva. No sé, digo. Le hubiese puesto “Reporte”, pero no soy subordinado para estar reportando nada, y tampoco es que me lean mucho.

He puteado esto por Twitter un montón de veces, pero de nuevo lo hago por acá: compré un cuaderno para apuntes de ideas para el blog. Mi intención era simplemente anotar cosas random en la pequeña libreta, de manera de llegar luego y escribir cualquier mariquera relacionada, expandiendo las ideas. Es lo que menos he hecho. No sólo el no escribir (o transcribir) lo que llevo anotado, sino que son las cosas menos random que puedan haber, ¡y hasta tienen fecha! No es que quiera hacer un diario, pero el formato que lleva es casi igual:

20121106: Hilo musical del Metro a volumen ridículamente alto.

Bueno, no sé que tan journal-esque sea ese tipo de entradas, pero es un ejemplo de las cosas que he anotado. Claro, hay otras mucho más intensas (o íntimas), que me reservaré el derecho a transcribir… aunque eso implica que estoy, técnicamente escribiendo un diario. Pero no es un diario. Fuck. ¡Qué arroz con mango tengo entre manos!

Y encima, a veces escribo en inglés. Si, se me sale el bilingüe hasta escribiendo, pero es inevitable, ¿no? Si hasta en mis conversaciones (escritas) tengo esos cambios. No que me guste ser tan inconsistente (más de lo que soy) escribiendo acá. Una frase está bien, pero no la mitad de un post… aunque creo ya lo he hecho antes. Yo si hablo gamelote.

Bueno, cambiando el tema, he decidido retirar mi fiel portaminas. Luego de casi 6 años de servicio, el condenado sufrió su primera “herida” de batalla: se le perdió la tapa de la borra. Si, soy un obseso que no puede utilizar un portaminas si no tiene la fulana tapa de la borra, aunque no llego a niveles de OCD. En fin, por ahora utilizaré el “vejestorio”, legado de mi hermana, que es casi tan viejo como yo. (Nota mental: poner unas fotos aquí para ilustrar mejor, aunque no sea necesario.)

Iba a escribir sobre el parcial de Base de Datos I que presenté la semana pasada, y que fue un 5 de Noviembre (yeah, yeah, remember the fucking 5th of November), pero en realidad creo es algo demasiado nulo, por no decir trivial. En serio, creo que mis vivencias y desventuras universitarias son más de narrar oralmente que de escribir. Como he dicho anteriormente, soy muy malo con las narraciones escritas. Más aun resumiendo.

Volviendo al tema del fulano cuaderno (aunque en otra tónica), a veces leo toda la ñoña que he escrito, y no sé si me dan ganas es de reír, o de darme un bofetón. Es demasiado drama junto.

Si, por si no lo recordabas, soy derrotista.

Últimamente he tenido ganas de volver a escribir poesía. Si, en algún momento de mi vida tuve una etapa de poeta, aunque no duró mucho. Y ahora que lo pienso, estoy dudando de escribir poesía por acá, creo sería demasiado hipster. Y eso es algo que, definitivamente, no soy. Como sea, todavía estoy considerándolo, aunque sea escribir letras para canciones que algún día compondré, y nunca cantaré (no logro la coordinación guitarra-voz).

Algo que me irrita de sobremanera es cuando estoy anotando paja random en el cuaderno, y llega algún entrépito y pregunta “¿Qué escribes?”, con una voz particularmente escandalosa. Lo mismo ocurre cuando estoy en la laptop, ven mi pantalla, y sueltan “¿Qué haces?”. Como si fuese la única maldita cosa que tuviesen que hacer con sus vidas. Léanse el manual de Carreño, o por lo menos Etiqueta para Dummies, que se los presto, si quieren.

En fin, creo que eso será todo por ahora. Soy un tacaño a la hora de escribir y/o transcribir, y ya cubrí como 1/3 del cuaderno (sin incluir todo el material embarazoso que jamás publicaré), y quiero rendir. Y como no sé cómo terminar este tipo de posts… whatever—

Catarsis Malograda (III) – Divagando

En teoría abrí este blog para hacer catarsis, lo cual siento no he hecho del todo bien desde el momento de su creación. Siempre termino escribiendo sobre cualquier pendejada totalmente fuera del contexto de lo que implica hacer catarsis, aunque técnicamente sea una. Este puede ser un ejemplo. No sé, digo yo.

Antes solía escribir sobre temas más profundos, o tal vez más desarrollables. Surgía una idea de manera espontánea, le metía algo de paja, et voilà: un post nuevo. Bueno, en teoría es lo que sigo haciendo, inclusive en este preciso instante. Creo.

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