R.I.P. Cassiopeia (Febrero 2007 – Abril 2011)

Hoy, por casualidades de la Vida, el Universo y todas las cosas, mi fiel computadora de escritorio falleció, víctima de una apoplejía electrónica. Esta venerable máquina, a la que, en un momento de mariconería, bauticé como Cassiopeia (ni idea por qué), tuvo una vida útil bastante productiva, aunque en ocasiones algo inestable en muchos aspectos. Tantos fueron los periplos y odiseas por los cuales pasó, que terminé llamándola “ábaco pan-dimensional”. A continuación, les resumiré un poco dichas odiseas.

Mi computadora era una simple AMD Athlon 64 3000+ de 2GHz, 1GB DDR2 de RAM, un disco duro simple de 80GB y una tarjeta nVidia GeForce 7300. Para cuando la armé era un sistema competente. No era la panacea ni el pináculo de la tecnología, pero me iba era suficiente para las tareas que requería para aquél entonces: bajar anime como un desgraciado, jugar Call of Duty 2, Touhou, entre otras cosas. Sin embargo, fue el uso que le estaba dando lo que llevó a su primera bajón.

Encontrábame yo un día ladillándome con la novela visual de Fate/Stay Night, cuando de repente el programa se guinda. Pues bien, Ctrl+Alt+Supr, mato el proceso, y listo. Pero no, resulta que, místicamente, el proceso que le sigue, µTorrent, agarra 100% de CPU, así que repito el proceso. Y así siguió hasta que llegó al mismo administrador de tareas, por lo cual tuve que hacer un reboot forzado. Y colorín colorado, la tarjeta de video hizo pof. No señal, no nada. Luego de pasarme a video integrado y revisar un poco en Windows, vi que no reconocía ni tarjeta de video ni puerto PCI-Express. Así que me tocó vivir sin tarjeta de video.

Tiempo después, viendo que el antivirus me estaba sacando la puñetera (Panda al fin y al cabo), decidí recurrir a uno que me habían recomendado, AVG. Luego de bajarlo por medios obscuros (torrent), procedo a instalarlo. En el proceso, la máquina se guinda, así que vuelvo a reiniciar. Al entrar, veo que me sale un fondo de pantalla con advertencia radioactiva o alguna vaina así, y que no podía meterme en Mi PC ni nada. Coño de la pepa, un virus. Y lo más irónico es que fue el mismo antivirus el que lo tenía. Shit happens. Acto seguido, decidí formatearla, a costa de perder toda la información, siendo la más importante unos proyectos de edición de video. Shit happens.

Después de este nuevo inicio, decidí chequear de nuevo la tarjeta de video. Resulta que, definitivamente, se había quemado junto con el slot PCI-Express. Sintiendo la necesidad de tener más potencia gráfica basándome sólo en el procesador, decidí aumentar la memoria a 2GB. Dicho y hecho, compré el módulo y lo instalé. Todo estuvo bien por 1 mes exacto, hasta que un día me soltó un pantallazo azul. Sospechando que era la RAM, decidí juguetear un poco con los módulos. Resulta que se quemó no sólo la tarjeta de memoria, sino también el slot donde estaba. Ahora tenía una computadora medio manca, y tuve que conformarme con ello.

Transcurrió el tiempo, y mi computadora empezó a presentar fallos más continuos: en ocasiones se apagaba así nomás, se guindaba, el disco duro lanzaba sonidos sospechosos, y en una ocasión el Windows se corrompió así nomás, por lo que perdí, una vez más, otros proyectos de edición de video. Y bueno, luego de otros formateos y remiendos, la venerable Cassiopeia llegó hoy a su fin. El ábaco pan-dimensional, la computadora imposible, la singularidad cuántica, ya dejó de ser.

Ahora, debido a mi carrera y futura línea de trabajo, me veo en la imperiosa necesidad de comprar un equipo nuevo. Teniendo en cuenta que la situación económica del país invita a la usura y especulación masiva, estoy forzado a recurrir a mi estimada hermana y hacer un jalón de bolas para comprar partes por Amazon. De unos posibles 3000BsF que podría costarme acá una computadora nueva, logré bajarlo a 190 dolarucos (220 si logro convencerla de comprar un disco duro nuevo). Cabe destacar que no será equipo de lujo, la panacea o el pináculo de la tecnología, pero si será competente. Y me será suficiente para realizar las tareas que requiera: programar, compilar, bajar como un desgraciado de internet y tal vez editar videos. Ahora tengo que pensar cómo la llamaré…

“Idus de Octubre”

Viernes. Quincena. Idus de Octubre. Todo es lo mismo, hoy es un día de despelote. El día idóneo, casi perfecto, para sacar a la luz el lado más oscuro y masoquista de la gente.

Hoy es el día en el que un enorme tajo de la fuerza laboral venezolana hace cola , en que se insultan, caen a golpes, mentan madres, pintan palomas, dan zancadillas a los ancianos… todo para cobrar un cheque. Para entregarle al cajero que anda con cara de culo arrecho un pedazo de papel con unos garabatos que le obligan a sacar un fajo obeso y jugoso de colesterol monetario y dárleto con un odio enorme. Para que salgas con niveles de adrenalina peligrosos para la salud, producto de la mezcla del miedo (a que te roben y maten), excitación (por tener las manos llenas del magro y asqueroso olor a billete viejo y sudado) y ansiedad (por ir a cualquier antro de mala muerte a gastarte tu sueldo en licor y putas).

Hoy es el día en el que el Metro, aun cuando está en el punto de quiebre, al borde del colapso absoluto, peor que una gandola llena de ganado embarrado con bosta, funciona con una fluidez anormal. Toda la gente circula con una ligereza casi insólita e imposible, sin importar sexo, color, credo o Índice de Masa Corporal. No importa si es una muchacha “emo” más flaca que un gancho de ropa, o si es un “mumakil” viejo y de respiración abdominal. No importa si es un hombre caucásico en flux -gerente de banco- o un negrito barrioca en chemisse y jean -albañil-. Todos marchan, cuales pingüinos emperadores, con el subconsciente relleno de un único pensamiento: dinero.

Hoy es el día en que muchas mujeres se visten, se perfuman, se ponen coquetas, se levantan las berzas y se colocan un escote grotescamente enorme, porque saben que el tótem descerebrado que hace las veces de taladro neumático cobró la quincena. Porque hoy es “sábado chiquito”. Porque hoy es el día en que tiene plata, dinero, pasta, cash, el “moneeeey”. Hoy es el día que más van a gozar en todo el mes.

Hoy es el día en que muchos hombres están contentos, porque tienen la cartera abarrotada, llena de papel moneda recién devaluado. Es el día en que los miles pasan a ser “moneditas y sencillero loco”. Hoy es el día en que pueden irse a Tequilibrio, el León, Mi Cabaña, Discovery, Hard Rock Café, el Moulin Rougre, Trío o qué se yo. Hoy se van los riales en caña y putas. Hoy se van los riales en rumba y perreo. Y yo me pregunto: ¿Y el resto del fin de semana, pajúo?

Hoy es el “Día Hipócrita”. Una celebración que viene 2 veces al mes: en los Idus y en la víspera de las Calendas. Hoy es efeméride a nivel nacional. Hoy es el día en que todos aprovechan para ser felices, porque saben que el domingo por la noches todos andarán amargados. Hoy es el día en que, por escasos momentos, la mayoría de los venezolanos están realmente unidos, en que piensas en una sola cosa, en que tienen una misma meta, un mismo objetivo: gozar del efímero momento, de hacerse la vana ilusión de que por unas horas todo es bonito, color de rosa; de creer que pueden hacer lo que quieran, como quieran, donde quierar, cuando quieran y, muy importante, con quien sea.

Hoy no hay viaje en Metro; hoy todos van en la 4Runner del pana.

Hoy no hay pantalón de gabardina ni zapato de suela chimba; hoy hay Levi’s 501 y Puma.

Hoy no hay colonia Tommy; hoy hay Hugo Boss.

Hoy no hay hot-pants ni chola barata; hoy hay corsette escotado y tacones de lujo.

Hoy no hay camarón pa’ la noche; hoy hay tigre hasta la madrugá.

Hoy no muere César en el Senado. Hoy muere Bolívar en los billetes.

Hoy no cae la República. Hoy caen las finanzas personales.

Hoy no es “sábado chiquito”. Hoy es Idus de Octubre.

Quedan advertidos, motoristas.

Por lo general, cuando está lloviendo, uno tiende a no salir de la comodidad del hogar. Uno prefiere quedarse en un ambiente cálido y amigable a salir y adentrarse en el mundo caótico e impredecible al que llamamos “Caracas con lluvia”. Pero, no importa qué esté haciendo uno, ni cuándo ni cómo, siempre surjen estas situaciones que te obligan a salir a la calle a intentar no caer en pozos sin fondos con limo de hace 1 semana o ríos llenos de barro y mierda que nacen de las alcantarillas mal encauzadas, mientras te dirijes hacia algún destino incierto con el propósito de hacer un mandado o satisfacer tus ganas de saciar el hambre de manera muy masoquista.

Son éste tipo de situaciones las que nos llevan a tener episodios temporales de ira incontenible, en los cuales mentamos mandre de una manera tal que hasta la persona más ordinaria y marginal quedaría pasmada y sobrecogida. Y estos episodios son causados por el famoso “animal/becerro malnacido me mojó con el carro”. Esas personas que no resisten la tentación de acelerar sobre un inmenso charco lleno de E. Coli y coliformes fecales con el único propósito de dejar a un inocente y desprevenido peatón empapado hasta la ropa interior. Esos Ayrton Senna frustrados, que sólo porque están a salvo de la intemperie creen que pueden ir y joderlo a uno con carros de 200 mil BsF. Esos animales descerebrados que, obedeciendo al patrón genético involutivo que implica el uso de una herramienta facilitadora de la pereza, siguen el instinto más básico de los venezolanos: joder al más huevón, al pendejo que camina por una acera a orillas de lo que parece el río Zambeze.

¿Por qué comento esto? Bueno, por hoy me tocó desempeñar el papel de el peatón inocente, que por pendenjo fue empapado por algún inepto cabrón que no resistió la tentación de acelerar adrede su potente y obesa camioneta último modelo, con el único fin de joderme la tarde y hacerme cojer una arrechera tal que ni el taichi ni la meditación zen me pueden quitar en el momento.

Sin embargo, este huevón aquí no se la cala. Así de simple. Yo ya no me calo esta vaina. Ya no me calo que tenga que volver a lavar el jean que cargaba, porque sólo tengo 4 para usar. Ya no me calo que tenga que meter los zapatos a la lavadora y esperar 3 días a que se sequen porque sólo tengo 2 pares para usar. Ya no me calo que tenga que correr cuando un pajúo esté aproximándose a algún charco en su carro último modelo, con el puto reggaeton a full volumen y teniendo una orgía musical.

Este huevón aquí, que disfruta caminar, que disfruta el hecho de no tener que pagarle 2 bolívares a un busetero muerto de hambre sólo para quedarse 3 cuadras más allá, que goza de la libertad de moverse sin restricciones y usar las piernas para algo útil, de correr con el riesgo de rayar un carro atravesado en la acera, de poder comprarse un brownie y jartarse mientras camina y cruza la calle y lee el semanario “Urbe”, ya no se lo cala. ¿Y qué pienso hacer al respecto? Pues muy sencillo: pellas, señores. Pellas.

Este pajúo aquí, que camina tranquilo por la acera, va a cargar con pellas. Así que quedan advertidos, mis estimados “Schumachers” caraqueños. Este pendejo que está aquí va a tener en mano unas cuantas pellas, de las de hierro, traídas directamente de Guayana, de los cargamentos olvidados de Ferrominera y Sidor, a la espera de ser lanzadas en contra del parabrisas del primer becerro impotente que quiera dárselas de gracioso. Este pendejo aquí va a tener su paquita de monedas de 2 y 5 bolos de los viejos entirrada, lista en mano, a la espera del primer becerro al que se le ocurra acelerar en un charco para mojarme.  Y también éste que está aquí va a cargar con una piedra, de esas que usan para los rellenos de hormigón, a la espera de impactar contra el vidrio de cualquier imbécil que piense que soy impermeable.

Así que quedan advertidos, motoristas. Mejor compórtense y sean buenos ciudadanos. Porque no sabrán de dónde saldrá la pella que les descoñetará el parabrisas.

Para variar… (VI) – “There and Back Again”

Ok, para ser breve: ya empecé semestre y ando con el stresómetro en 11 de 10. De las 4 materias que veo, 3 me tienen con los nervios a millón. La primera es Humanidades 3. Sí, sonará ridículo, pero una materia tan “nula” se ha agarrado un tajo de estrés en mi haber, simplemente por el hecho de que tengo que hacer una labor social, exposición, informes y trabajos en no-sé-qué-tiempo.

Luego está Física 2. Apenas he visto 3 clases, y el profesor ya nos advirtió que usaremos temas que hace 3 años no veo (desde mis días en la USB), y lo peor es que es pronto. No sé que tanto sea, pero si lo dijo tan seriamente, pues por mí debe ser el lunes.

Y la que corona todo: Programación 2. El profesor llegó la primera clase diciéndonos “¡Búsquense un compilador YA!” y que debemos aprendernos la sintaxis de C para dentro de nada. Y yo de vaina que estoy instalando el puto programa, que me saca un mensaje de “potencial error de compatibilidad” (gracias, Microsoft). Lo único que agradezco es que se me olvidó el condenado Pascal de Programación 1 y sólo me quedó la habilidad de abstracción. Lo malo es que estoy completamente igual que cuando empecé la primera vez: más indio que Pocahontas en la corte real inglesa. O como reza mi frase favorita: “there and back again.”

Y yo estaba pensando en seguir adaptando mi cerebro a estos nuevos retos en estos momentos, pero como ya es tarde, me pondré a ver una película. Adieu!

“Clon”

Algo que me ha llamado poderosamente la atención es el tema de la clonación. Mentira, nunca me ha llamado la atención, sólo me causa risa toda la polémica que genera y cómo la gente se enrolla discutiendo sobre algo tan banal y fútil, al punto de crear series de documentales exagerados y culebrones de mala muerte (junto con refritos balurdos).

Sin embargo, lo que me llama la atención es el hecho de que a cada rato me encuentro con el “clon” de alguien. Es decir, una persona cuyo parecido físico con alguien conocido es tal que no sabes si saludar, pedirle un autógrafo, esperar por alguna reacción o simplemente pasar de largo y ligar que no te mente la madre. Son los déjà vu vivientes; crees que “son”, pero no son.

En mi caso, he visto numerosos clones de gente que conozco y también de famosos. He aquí una pequeña lista, junto cona pequeña descripción circunstancial:

  • Una cliente de mi mamá tiene tal parecido con Elena que me cagué cuando se apareció por mi casa. Lo más espeluznante es que estudia en la misma universidad.
  • A veces me encuentro por donde vivo al “clon” de Rick Wright, el difunto tecladista de Pink Floyd.
  • La otra vez saliendo del banco me encontré con “Jean Reno”.
  • “Barack Obama” trabaja en la tienda Digitel al lado de mi casa.
  • Una amiga de la universidad tiene un clon… en la misma universidad. Y otro en Facebook.
  • Mi mejor amiga ha sido clonada un par de veces.
  • Tengo un clon en la USB.
  • Un pana que estudia en la UCV tiene un clon que estudia en mi facultad.
  • Un señor que conozco tiene un gran parecido con Anthony Hopkins (sólo que su rostro no tiene el gesto psycho, y es bastante simpático).
  • Un viejo amigo del colegio tiene cierto parecido con Gabriel (Con Ida y Vuelta), aunque no se puede llamar clon per se.
  • El mismo pana de arriba tiene un “clon” que vive por mi zona.
  • Briceño es Jeff Goldblum.
  • Mi vecino es el “clon” de Briceño.

Y aun así, todavía la gente sigue enrollada con el peo de la clonación, el dilema ético que genera y toda esa paja. ¡Coño! ¿Para qué siguen enfrascados en un tema tan trillado, cuando en la calle te puedes encontrar a Will Smith como heladero, Samuel L. Jackson como barrendero y hasta a Vladimir Putin como limpiabotas?

Adieu!

la única manera en que puedes saber que no es dicha persona es por alguna circunstancia que viole las leyes del espacio-tiempo o

It’s BACK!

Oh my god, oh my god, OH MY GOD! IT’S BACK!  *voz de loca histérica*

Luego de 3 días de incertidumbre, estrés y desesperación (?), CANTV decidió desactivar su Modo Popy y abrió el acceso a WordPress.com y a todos los blogs afiliados. Me gustaría soltar una frase épica sacada de una canción de Pink Floyd, pero creo que cuadrará mejor en 2 años, si las cosas salen bien. En fin, yo ando en la universidad, esperando como un gallo a que abran una oficina para retirar un carnet. Adieu!

Música de Septiembre

(Escrito el 11 de Septiembre)

Este sábado, como de costumbre, me levanté a una hora anormal para la gran mayoría de los venezolanos, las 6 A.M., con el fin de alistarme para ir a las lecciones de Tai Chi junto con mi madre y hermana mayor en el Parque del Este. Luego de abordar “El Chinito” QQ6 de mi hermana, fuimos hasta Los Símbolos para pasar buscando a un compañero de trabajo que también va a las lecciones con nosotros. Como siempre yo andaba con mis audífonos puesto, escuchando mis mariqueras para no calarme el excesiva y vulgarmente rayado CD del artista “E” (no lo menciono porque seguramente alguna persona se ofendería bastante). Sin embargo, mi hermana no puso disco alguno, sino que dejó la emisora radial (q no recuerdo si es 99.9 o la 100.3), en la cual estaban transmitiendo una música que, por un instante, me regresó en el pasado a mi etapa de colegial.

Es esa música tradicional venezolana de desayuno, mañanera, con cuatro, arpa, maraca y flauta, omnipresente en nuestro folklore. Es esa música que ponen en las busetas y en el colegio antes de entrar a clases o en las cantinas. “Pajarillo”, “El Diablo anda Suelto”, “Seis por derecho”… llaneras impelables que acompañaban la arepa con queso que nuestras madres nos colocaban en la lonchera o la empanada de carne molida en el recreo. Esa música que siempre rondaba en el fondo, en la librería, en los pasillos, en las canchas de básquet, en la piscina a primera hora de la mañana. Esa música de lunchería, de puestico de pastelitos en medio de la calle, de taguaritas para desayunar, de camionetica Chacao-La Castellana-El Pedregal.

Es curioso pero, luego de tantos años de haber estado metido en un colegio, y otros tantos de haberme graduado y estar rodando por una universidad, es justo ahora que me doy cuenta que esta música sólo la había escuchado en Septiembre. Mes de colegio, de vuelta a clases. Mes de “adiós vacaciones”, de vuelta a casa, a la rutina, al trabajo, al caos de la ciudad. Y luego yo, de vuelta vuelta al presente  en el “Chinito” de mi hermana, decido seguir con mis audífonos, escuchando alguna canción pop japonesa, mientras mi hermana introduce el CD, aun más rayado, de Arjona. Definitivamente, es Septiembre.