“Idus de Octubre”

Viernes. Quincena. Idus de Octubre. Todo es lo mismo, hoy es un día de despelote. El día idóneo, casi perfecto, para sacar a la luz el lado más oscuro y masoquista de la gente.

Hoy es el día en el que un enorme tajo de la fuerza laboral venezolana hace cola , en que se insultan, caen a golpes, mentan madres, pintan palomas, dan zancadillas a los ancianos… todo para cobrar un cheque. Para entregarle al cajero que anda con cara de culo arrecho un pedazo de papel con unos garabatos que le obligan a sacar un fajo obeso y jugoso de colesterol monetario y dárleto con un odio enorme. Para que salgas con niveles de adrenalina peligrosos para la salud, producto de la mezcla del miedo (a que te roben y maten), excitación (por tener las manos llenas del magro y asqueroso olor a billete viejo y sudado) y ansiedad (por ir a cualquier antro de mala muerte a gastarte tu sueldo en licor y putas).

Hoy es el día en el que el Metro, aun cuando está en el punto de quiebre, al borde del colapso absoluto, peor que una gandola llena de ganado embarrado con bosta, funciona con una fluidez anormal. Toda la gente circula con una ligereza casi insólita e imposible, sin importar sexo, color, credo o Índice de Masa Corporal. No importa si es una muchacha “emo” más flaca que un gancho de ropa, o si es un “mumakil” viejo y de respiración abdominal. No importa si es un hombre caucásico en flux -gerente de banco- o un negrito barrioca en chemisse y jean -albañil-. Todos marchan, cuales pingüinos emperadores, con el subconsciente relleno de un único pensamiento: dinero.

Hoy es el día en que muchas mujeres se visten, se perfuman, se ponen coquetas, se levantan las berzas y se colocan un escote grotescamente enorme, porque saben que el tótem descerebrado que hace las veces de taladro neumático cobró la quincena. Porque hoy es “sábado chiquito”. Porque hoy es el día en que tiene plata, dinero, pasta, cash, el “moneeeey”. Hoy es el día que más van a gozar en todo el mes.

Hoy es el día en que muchos hombres están contentos, porque tienen la cartera abarrotada, llena de papel moneda recién devaluado. Es el día en que los miles pasan a ser “moneditas y sencillero loco”. Hoy es el día en que pueden irse a Tequilibrio, el León, Mi Cabaña, Discovery, Hard Rock Café, el Moulin Rougre, Trío o qué se yo. Hoy se van los riales en caña y putas. Hoy se van los riales en rumba y perreo. Y yo me pregunto: ¿Y el resto del fin de semana, pajúo?

Hoy es el “Día Hipócrita”. Una celebración que viene 2 veces al mes: en los Idus y en la víspera de las Calendas. Hoy es efeméride a nivel nacional. Hoy es el día en que todos aprovechan para ser felices, porque saben que el domingo por la noches todos andarán amargados. Hoy es el día en que, por escasos momentos, la mayoría de los venezolanos están realmente unidos, en que piensas en una sola cosa, en que tienen una misma meta, un mismo objetivo: gozar del efímero momento, de hacerse la vana ilusión de que por unas horas todo es bonito, color de rosa; de creer que pueden hacer lo que quieran, como quieran, donde quierar, cuando quieran y, muy importante, con quien sea.

Hoy no hay viaje en Metro; hoy todos van en la 4Runner del pana.

Hoy no hay pantalón de gabardina ni zapato de suela chimba; hoy hay Levi’s 501 y Puma.

Hoy no hay colonia Tommy; hoy hay Hugo Boss.

Hoy no hay hot-pants ni chola barata; hoy hay corsette escotado y tacones de lujo.

Hoy no hay camarón pa’ la noche; hoy hay tigre hasta la madrugá.

Hoy no muere César en el Senado. Hoy muere Bolívar en los billetes.

Hoy no cae la República. Hoy caen las finanzas personales.

Hoy no es “sábado chiquito”. Hoy es Idus de Octubre.

De vuelta a la carrera (y no precisamente la de Discovery Channel)

Contra todo pronóstico, y contrariando la lógica y el sentido común que debería pulular en una suciedad sociedad “moderna” como la que habitamos (la venezolana), hoy iniciaron las clases en la universidad. Mejor dicho, hoy fue el día en que el 95.98% de la población estudiantil en mi universidad se llevó el gran chasco de la semana al ver que, efectivamente, los profesores fueron puntuales al presentarse en las aulas, dar la pequeña y no-tan-obligatoria charla introductoria y empezar a dar materia. El otro  4.02% estaba en la playa, por eso no supieron nada ni se amargaron la vida.

En mi caso particular, este semestre empezó tal como lo esperaba: lo más regular y nulo posible. Hoy sólo tuve una clase, Cálculo 2, y mi profesora ya empezó a dar materia. No es que me afecte mucho: total, es la séptima vez que la veo en mi vida (qué fail sonó eso). Lo que si me perturbó fue que la profesora no tenga un acento definido: al inicio de la clase no presentaba ninguno, pero a medida que pasaban los minutos pasó por acentos como el árabe, gringo, italiano, francés, españoleto, colombiano/gocho, mexicano, entre otros. Empiezo a sospechar que sufre de múltiples personalidades o que es una espía de la CIA. En fin, detalles.

Sin embargo, este semestre no está fácil: Programación 2 la veo con “Mr. Bean” (después echo el cuento) y Humanidades 3 con una profesora que tiene fetiche con la puntualidad, según dicen las malas lenguas. Y además tengo la fulana labor social, la cual espero no me termine mandando a La Pastora o a algún sitio en el c*lo del mundo.

En fin, ya se me acabaron las vacaciones, y con ellas la posibilidad de hacer el coñazo de güevonadas que dije que iba a hacer pero que la vagancería me impidió llevar a cabo: terminar de pintar el pasillo del piso, practicar programación antes de empezar clases, ver las 14 series y leer las 4 novelas que tengo pendientes, empezar a aprender Java y PHP, meterme a practicar parkour, formatear la computadora y etecé, etecé, etecé. Ahora veré cómo hago un viaje de cosas en 2 días. Adieu!

Música de Septiembre

(Escrito el 11 de Septiembre)

Este sábado, como de costumbre, me levanté a una hora anormal para la gran mayoría de los venezolanos, las 6 A.M., con el fin de alistarme para ir a las lecciones de Tai Chi junto con mi madre y hermana mayor en el Parque del Este. Luego de abordar “El Chinito” QQ6 de mi hermana, fuimos hasta Los Símbolos para pasar buscando a un compañero de trabajo que también va a las lecciones con nosotros. Como siempre yo andaba con mis audífonos puesto, escuchando mis mariqueras para no calarme el excesiva y vulgarmente rayado CD del artista “E” (no lo menciono porque seguramente alguna persona se ofendería bastante). Sin embargo, mi hermana no puso disco alguno, sino que dejó la emisora radial (q no recuerdo si es 99.9 o la 100.3), en la cual estaban transmitiendo una música que, por un instante, me regresó en el pasado a mi etapa de colegial.

Es esa música tradicional venezolana de desayuno, mañanera, con cuatro, arpa, maraca y flauta, omnipresente en nuestro folklore. Es esa música que ponen en las busetas y en el colegio antes de entrar a clases o en las cantinas. “Pajarillo”, “El Diablo anda Suelto”, “Seis por derecho”… llaneras impelables que acompañaban la arepa con queso que nuestras madres nos colocaban en la lonchera o la empanada de carne molida en el recreo. Esa música que siempre rondaba en el fondo, en la librería, en los pasillos, en las canchas de básquet, en la piscina a primera hora de la mañana. Esa música de lunchería, de puestico de pastelitos en medio de la calle, de taguaritas para desayunar, de camionetica Chacao-La Castellana-El Pedregal.

Es curioso pero, luego de tantos años de haber estado metido en un colegio, y otros tantos de haberme graduado y estar rodando por una universidad, es justo ahora que me doy cuenta que esta música sólo la había escuchado en Septiembre. Mes de colegio, de vuelta a clases. Mes de “adiós vacaciones”, de vuelta a casa, a la rutina, al trabajo, al caos de la ciudad. Y luego yo, de vuelta vuelta al presente  en el “Chinito” de mi hermana, decido seguir con mis audífonos, escuchando alguna canción pop japonesa, mientras mi hermana introduce el CD, aun más rayado, de Arjona. Definitivamente, es Septiembre.

De vuelta, sólo para volver a irme…

Estos últimos días han sido bastante estresantes.

Tanto así que, por primera vez desde hace 5 años, me confesé con el cura. Así de mal está la vaina.

Sólo quiero que esta situación se solucione lo más pronto posible.

Sé que últimamente no he actualizado un coño, no me twitteado ni me he conectado a internet, precisamente porque todavía sigo sin el servicio. Todo por la deuda usual (2 meses).

Sin embargo, aunque me esté chuleando el wifi de algún güevón desprecabido, no pienso actualizar ni chequear lo que sea con frecuencia, por lo menos hasta que salga de la tribulación en la que me encuentro.

Así que, por tiempo indefinido… Adieu!

Para variar… (III): “Mi calle ahora es un estacionamiento móvil”

Muchas veces me pregunto (muy tontamente) si habrá alguien en este país con sentido común o un nivel de lógica regular y coherente. No lo digo a nivel interpersonal, sino a nivel macro, de política, ciudadanía, urbanidad y sucied– digo, sociedad. Por poner un ejemplo: cuando un ente que se encarga de hacer burocracia para jodernos la vida (es decir, un ente gubernamental) decide autorizar la construcción de una obra civil de relativa importancia en una zona residencial, es lógico que se informe a los residentes con tiempo, darles un cronograma, horario en que se llevarán a cabo las obras, etc. En pocas palabras, hace burocracia para tomar previsiones y así no joder tanto la paciencia. Seguir leyendo “Para variar… (III): “Mi calle ahora es un estacionamiento móvil””

Cosas de la Vida #1: Paradójicamente…

Moe Imouto

Definitivamente, las mujeres son una vaina arrecha. Uno nunca sabe qué están pensando en realidad, sin importar qué tan diestro sea uno en el arte de descifrar el lenguaje corporal. Es una vaina arrecha. A veces la actitud de las mujeres me deja perplejo, otras satisfecho y en otras ocasiones, molesto e irritado. Uno podrá estar con ellas un viaje de horas al día, compartir el mismo ambiente, y sin embargo, no saber casi nada de ellas.

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Random Musings & Rants #1: del Jueves 20/05

Yo quiero un sofá así, con luminación idéntica y una estancia similar…

Bueno, hoy por fin he conseguido un espacio para poder escribir algo. Hablaría lo acontecido estos últimos 3 días, pero la vagancia es extrema. Qué más da, igual hablaré.

El jueves fue el velorio de mi ex-compañera de colegio en el Cementerio del Este. Primera vez que voy a ese sitio, y debo decir que me sorprendió la magnitud del sitio, es enorme, y muy bien mantenido. Y con más razón, ahí es a donde van a parar la clase media-alta caraqueña. Como sea, el velorio estuvo bastante concurrido por gente de mi promoción, amigos, profesores y familiares de la fallecida. Bastante triste la situación. Tanto que al final de la misa se me salieron unas lágrimas. Aunque no tuve mucho contacto con la chama, debo decir que su muerte me afecto tanto como si se hubiese sido un familiar mío; total, así fue como nos educaron desde pequeños en mi colegio.

Luego del velorio, tuve que experimentar una pequeña odisea para llegar a mi casa. Luego de bajarme del metro en Chacaíto, me enteré que el servicio en la estación Los Cortijos (que fue donde me había montado) estaba suspendido por un arrollamiento. So damn lucky. De ahí, me fui caminando a mi casa, para llegar, bañarme y prepararme para salir otra vez, y esta vez a alegrarme un poco la vida, yendo con una amiga (Namie) a una sesión de “stand up comedy” en el Tolón. Haciendo fast forward, llegó Namie, nos juimos hasta el Tolón, media hora buscando un puto puesto para estacionar el carro, y luego directo al Friday’s para ver al Prof. Briceño. Pero aquí empezó otra pequeña odisea.

Resulta que, al llegar al sitio, nos percatamos que había un spam de gente. Yo fui a la cosa que parece un atril, que tenía una muchacha con pinta de recepcionista, y le pregunté sobre el evento. La muchacha me dice que si quiero estar en la terraza, donde se iba a llevar a cabo el evento, debía reservar anorame en una lista de espera por una mesa. Y habían 5 mesas (no personas, mesas) por delante. No tuve más opción que anotarme en la fulana lista, y luego le pregunté si había que pagar por entrada o algo así. El detallazo. Aquí es cuando la muchacha me suelta la noticia del momento, con voz de teleoperadora: “No hay que pagar entrada, pero si quieres estar en la terraza para ver a los comediantes, debes pedir un plato fuerte, bebida y postra constantemente. Además, se está cobrando el 10% de servicio.”

Ok, so here I am, dumbfounded. Literally. Esta caraja viene y me dice que si queremos ver a Briceño (ni siquiera a los demás nulos), por unos míseros 10 minutos, mi amiga y yo debemos estar desde las 9 de la noche hasta Dios sabe cuándo, pidiendo hamburguesas que cuestan 60-80 fucking bolívares, helados del mismo precio y latas de refresco que cuestan 15 bolívares (cuando en la calle esa mierda me sale en 5 bolos). Bien, yo sabía que TGI Friday’s, al igual que Memphis, Hard Rock Cafe y cualquier puta franquicia gringa es fuckingly cara, pero es el colmo que para poder ver a un maestro del humor negro tengamos que hipotecar la casa! Coño, ver a Berto Romero sale más barato, aun cuando el tipo está en España!

Bueno, como los dos andábamos con capital escaso, decidimos ir a la feria y comer algo. Terminó siendo sushi, que estaba de promoción en un local que ni me acuerdo el nombre, pero estaban regularmente buenos. Como sea, luego de comer y dar vueltas, volvimos al Friday’s, y nos encontramos con que habían televisores y cornetas transmitiendo el evento, que estaba siendo grabado en el local. Decidimos que era mejor estar de loiter dudes en vez de pagar media cuenta de ahorros, y esperamos a que empezara el set del Profesor Briceño. Y así llegó el momento esperado. 20 minutos de excelente humor negro, tan bueno como un buen whisky 12 años. De no ser por el mal sonido, hubiese sido de 18. Pero bueno, lo vimos, aunque hubiese sido a través de unos televisores y unas cornetas. Mejor que nada. Luego del set, nos fuimos de ahí, y calabaza calabaza, todos a su casa.  Y yo todavía pensando si para la próximo me llevo un fajo de billetes para que no me agarren así desprevenido.

Y bueno, francamente no pretendo extenderme en este post. Ya van casi 750 palabras, y, aunque ya estoy acostumbrado a escribir posts de mil y tantas palabras, esto no es un testamento, menos un ensayo. Y hablando de ensayo, ahora debería estar escribiendo uno, pero… qué ladilla! Como buen venezolano, lo dejaré para mañana, así como un spam de cosas por hacer. なたね。