Catarsis Malograda (VII) – Pseudo-reporte post-semestral, y cualquier-vaina-ahí-para-desahogar(me)

Últimamente he evitado escribir al respecto, pero dado que estoy pasando por una sequía grave de ideas, mi musa está desaparecida, y no hallo inspiración ni en el inexistente plato de pasta bologna que quiero comerme en este preciso instante, creo terminaré escribiendo sobre este semestre.

Debido a que en mi carrera, las materias prácticas tienen proyectos, y estos consumen tanto tiempo y esfuerzo que terminan por sentirse como una materia adicional, es normal que evitemos a toda costa meter muchas materias de esa índole. Por consiguiente, nadie en su sano juicio inscribe más de 4 materias prácticas por semestre.

Pero parece que mi juicio se insanificó.

Supongo habrá sido la emoción de poder meter electivas de una, o que tenía el extra-crédito aprobado. En cualquier caso, me pasé de loco al inscribir 6 materias en este semestre, de las cuales 5 son prácticas “fuertes” (Computación Gráfica, Base de Datos 1, Probabilidades y Estadística, Sistemas de Operación y PLC/OPLC), y una materia, pues, “autobús mágico” (Contabilidad General). Definitivamente, un error que, si bien no lamento ni me arrepiento de haber cometido (obtuve un boost en el índice), ciertamente terminó por extremar la cuota de agotamiento físico y mental que llevo arrastrando desde hace más de un año, por todo el régimen de estudios que me he impuesto.

Para empezar, hablaré de las materias de manera breve y puntual:

  • Sistemas de Operación: puro Linux, y saber cómo funciona la computadora. Era la segunda vez que la estaba viendo, y afortunadamente fue la última, debido a una inusual mezcla de suerte con esfuerzo de última hora antes de cada parcial. Moraleja: estudiar como un desgraciado 10 horas antes del parcial no asegura un 19, pero es satisfactorio cuando sucede.
  • Probabilidades y Estadística: una materia bastante fuerte, aunque más que todo por la profesora, que es muy exigente. En esta también tuve suerte, pude haberla clavado olímpicamente por un error muy, pero muy estúpido. Moraleja: hay que referencia toda la bibliografía utilizada. Nota mental: no dormirse descaradamente frente al profesor.
  • Computación Gráfica: esta materia me dio una lección enorme de humildad y responsabilidad, aunque no lo parezca. La evaluación fue un tanto laxa, lo cual hizo que muchos se lo tomaran a la ligera y terminásemos todos con notas inusualmente altas, pero la actitud de muchos de mis compañeros me pareció una falta de respeto hacia el profesor, y me dejó con un cargo de conciencia enorme. Lección: el interés en el aprendizaje es una señal de respeto.
  • Contabilidad General: el “autobús mágico”, que al final terminó por no serlo. Otra materia que pasé por una mezcla de suerte, y boletismo por parte del profesor. Aquí fue donde aprendí que, definitivamente, no sirvo como contable. Moraleja: si montas tu empresa, no seas güevón y contrata un contador. Ellos saben cómo se maneja la pasta.
  • PLC/OPLC: la electiva, el segundo autobús mágico. Aquí aprendí que los semáforos son la falacia más grande del mundo, luego del chovinismo. También aprendí cómo funcionan las lavadoras y las líneas de ensamblajes de la Polar. Y por si fuera poco, aprendí cómo programar máquinas de Nescafé. Lo mejor del asunto: esto va para currículum (no hay ingenieros que manoseen PLC’s, así que algún addendum se puede obtener). Además, mi compañera de laboratorio es demasiado adorable… lástima que se gradúa este año. Moraleja: si los usuarios son brutos, los operadores lo son aún más. Secreto: los semáforos están diseñados para joder la paciencia.
  • Base de Datos I: mi karma en esta parte de la carrera. El semestre pasado me tocó verla con una profesora ¡²³¤€¼ de ³¤€¼ @#@$%^y ®þüú}{(*&^, y cuando vi que la iba a ver con ella de nuevo, pedí cambio de ipso facto, a otro profesor, que resultó ser nuevo. Y muchos sabemos que, “profesor nuevo no es gente”. Al principio fueron muchas las quejas respecto a su casi inexistente pedagogía. Sin embargo, el hombre terminó por reivindicarse (a mi parecer, y sin ser jalabolas), y me dejó una buena impresión, aunque muchos de mis compañeros no hicieron otra cosa sino cizañear durante todo el semestre. Again, esta materia la pasé por obra y gracia del Espíritu Santo  descuido del profesor, quien olvidó corregir una pregunta de 2 puntos en un parcial. Moraleja: ¿quieres plata, un carro, apartamento y una cuenta en dólares? ¡Aprende SQL y trabaja como un desgraciado! Nota mental: aprender PHP y mejorar en SQL, en BD2 me van a joder con eso.

Muchas de estas materias me causaron, en numerosas ocasiones, períodos de desesperación y estrés masivo, durante los cuales lo único que quería hacer era lanzarme al suelo, dar una pataleta y luego retirarme a una esquina a deprimirme. Eso, y horas de insomnio, dolores de cabeza, indigestiones, irritación masiva y un humor en exceso ácido y arisco, durante gran parte del tiempo. Y esto se intensificó en las últimas semanas, ya que durante el asueto decembrino no hice un carajo de la universidad, y decidí procrastinar vilmente (mea culpa). Si, en Diciembre lo que hice fue dejar que la mierda se acumulara día a día hasta que, al llegar Enero, me vi con la mierda al cuello. Pero no joda, salí nadando de ese río de mierda, cual Andy Dufresne, victorioso y esperanzado. Nota mental: no dejes que la mierda se acumule a tu alrededor.

Claro, que estas últimas semanas no sólo estuvieron plagadas de odiseas y periplos académicos. En lo personal, fueron días dominados por una abyecta vorágine de insulsas divagaciones, que no hicieron otra cosa sino dejarme con un dejo amargo en el pensamiento y un reproche injustificado por una nueva aliteración de la misma opereta que juré no repetir. Claro, que ya a estas alturas todo el asunto carece de importancia (debe ser así), aunque es inevitable que termine con un tic en el ojo cada vez que leo, o veo, cosas con tilde de fresas & chantilly (alusiones y demases van por cuenta de la casa). Sin embargo, también hubo momentos y situaciones que me hicieron olvidar un poco el ácido catártico que se cocinaba en mi cabeza, e hicieron más llevadera la situación, gracias a algunas amistades a las que, desde entonces, aprecio más aún.

Como ya ven, este fue otro post escrito for the sake of being written. Mi musa está desaparecida, y en realidad no tengo las ganas como para forzar un tema y desarrollarlo. Supongo me dedicaré a dejarme llevar por la corriente de procrastinación, y recobrar fuerzas para el semestre que viene. Lo cual me recuerda, iba a hablar de ello, pero ya será en otra ocasión. La vagancia plaga mi ser, y ni el corrector ortográfico me molestaré en ver. Adeu!

Catarsis Malograda (V) – Del fin de año, y todo lo demás…

Seré franco: iba a escribir una perorata sobre las mañas que muchos tienen de rememorar el año y escribir notitas con resoluciones para el año nuevo, pero en realidad no estoy de ganas. En realidad no me nace escribir nada, últimamente he estado en una constante de improductividad con tildes estertóreas, un desgane vago y errante. Y creo que esto lo estoy escribiendo más bien por mera inercia, y un compromiso vano para con mi blog, para que no pase a otro dígito calendario estando tan, o más, magro de lo que está.

Respecto a rememorar este año que pasó, no creo que haya mucho que decir. Es lo mismo de siempre, la misma rutina: conocí gente, entablé amistades, unas relaciones florecieron, otras quedaron un tanto agrias, y unas pocas contadas quedaron en un “veremos”, que terminarán, seguramente, siendo otra foto en el álbum del olvid— wait, eso fue en el 2011. Whatever. Logré algunas de mis metas y cometidos, otros quedaron pendientes, otras se fueron al caño. Alegrías y decepciones, todas vanas y efímeras, colmaron, como de costumbre, un año más de cinismo rutinario. Y mis finanzas, bien gracias: en un vaivén perenne, sin rumbo ni propósito, cual gaviota errante por el océano. En fin, un año de rutina inercial, como todos los demás. Tipo normal, pues.

En cuanto a las famosas “resoluciones de año nuevo,” personalmente lo considero una bacanal para engordar mi derrotismo ególatra, lo cual, como estrategia para hacer una especie de Inception bizarro en el cual cumplo, por lo menos, 50% de lo planteado (como ocurrió este año), está bien. Pero, para este año que está por llegar, no creo funcione para nada. Seriously.

En realidad no me queda más nada por decir. A aquellos que ofendí, o les hice daño de alguna manera, pido disculpas. Y en caso de quienes  consideren lo hayan hecho hacia mi, pues, lo que sea, mano. En fin, que pasen una bonita velada, que mañana es otro día más, vulgar, común y corriente. Con la salvedad que 80% del mundo amanecerá con resaca, y en nuestro caso, el 95% de todos los negocios estarán cerrados. Nos vemos en 2013, o algo así. Adeu!

P.S: espero recuperar a mi musa/inspiración para este año venidero, y así este blog no quede más macilento de lo que ya está. Estoy algo así como Dante en la Divina Comedia, sólo que Beatriz ya no está. Literalmente.
P.P.S: y yo que había jurado no escribir nada similar a una de esas “resoluciones”. Cinismo puro. Qué cagada.
P.P.P.S: BTW, este post fue scheduled. Para cuando lo lean, yo estaré fastidiado en una misa de fin de año, as per usual.

Aceptar.

Simplemente, una cita.

Se trata de aceptarlo —

Irracionalidad.

Ilógico.

Corrupción.

Conspiración.

Lágrimas de cocodrilo.

Excusas.

Hipocresía.

Blasfemia.

Involucrarse.

Daño mutuo.

Inestabilidad.

Deshonestidad.

Falsas acusaciones.

Fuera de rumbo.

Indigno.

Vergonzoso.

Rumores.

Chivatazos.

Envidia.

Diferencia.

Traición.

Maltrato.

Desgracia.

Inconveniencia.

— Es como aceptar a tu amante.

Aun cuando la haya sacado de un manga, es una aproximación de lo que siento desde hace 1 hora. Si, puro angst, hate, helplessness and misanthropy. Fuck the world.

“Me voy del país”: reflexiones post-elecciones.

 

Hace poco escribí un post reflexionando un poco sobre el proceso electoral de ayer, así como un montón de incoherencias relacionadas. Ciertamente lo escribí pensando en que hoy íbamos a amanecer con un nuevo presidente, cambiando la barajita del álbum de nuestra historia. Evidentemente, no fue así.

Ayer mi día comenzó con bastante normalidad, para ser honesto. Me levanté temprano, como es usual, pero no fue sino hasta pasadas las 8 que decidí subir al centro de votación, un colegio a 3 cuadras de mi casa. Decidí no hacerme muchas ilusiones, y llegué, esperando poca afluencia de personas, tal y como solía suceder, y al principio pensé ese era el caso. De las 13 mesas, la de mi mesa era la más larga (como siempre), y aun así no era lo que uno podía catalogar de “larga”. En principio pensé iba a quedarse así, pero a la media hora de haber llegado, un cerro de gente popped out of nowhere y llenó la calle. Ya después de votar, que fue a eso de las 12 y media, me enteré que ya habían votado 60% de los electores del centro, y la gente seguía llegando.

En ese momento me sentí bastante satisfecho, tal vez esperanzado, al igual que muchos venezolanos ayer. Por primera vez desde que soy partícipe, directo o indirecto, en un proceso electoral, no tuve ese sentimiento de derrota anunciada. Si, la participación fue masiva, los ánimos estuvieron en alto, el clima fue propicio. Muchos regresamos a nuestro hogar a esperar los resultados; unos ilusionados, otros expectantes. En ese momento hicimos historia. Seguir leyendo ““Me voy del país”: reflexiones post-elecciones.”

Catarsis Malograda (II) – Cualquier vaina ahí.

(Bueno, como no he tenido temas concretos o convincentes para transformar en un post de consistencia satisfactoria, decidí anotar un puñado de ideas inconexas durante estos días, y desarrollarlas hasta donde sintiera necesario. No tienen orden específico, son simplemente un puñado de líneas lanzados cuales flechas, en un intento vano de catarsis… si es que se puede llamar así. Al final, creo esto es más un coñazo de incoherencias. Whatever.)

Nota: cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia. Cualquier alusión a un tema o persona probablemente no sea accidental.

Me irrita que hagan repetirme, o que me cuestionen, bien sea en cuanto a decisiones o acciones. Me hace sentir que no soy alguien de confianza, o que mi juicio siempre está en duda. Coño, si digo que haré una cosa es que así será. Si digo que no, es NO; si digo si, es SI, y si digo no sé, demonios, es NO SÉ. No entiendo la puta maña de jalar bolas en busca de explicaciones que no son necesarias. Esa es otra, la jaladera de bolas. Yo no ando jalando bolas, así que no veo tampoco la necesidad de hacerlo conmigo. Si, soy un maldito déspota y desconsiderado, pero coño, hablo demasiado claro, conciso y preciso (la mayoría de las veces… creo). Y lo hago una sola vez de manera que se pueda entender con claridad. Digo esto porque, por poner un ejemplo, siempre en casa me cuestionan hasta en la más mínima mariquera que haga: voy a salir, un interrogatorio; voy a hacer un regalo, una crítica; hago un comentario, se van por  tangente y por ahí se encadenan. ¿Acaso les cuesta tanto entender que no voy a comerme la condenada berenjena porque la vomito? ¡Coño!

No soy quién para decir esto, pero creo que una de mis virtudes es la lealtad. Soy en extremo, jodidamente leal, sobre todo a mis amigos (a las causas no tanto, por lo general me traen problemas, y no son rentables). Aparte de la lealtad, está la cuestión de la honestidad. Soy muy malo mintiendo, sobre todo de asuntos que son de importancia. Prefiero no hablar, irme por la tangente o usar símiles, a mentir descaradamente. Claro, mis criterios de “ser honesto” y “mentir”  son un poco vagos, respecto al del común denominador, pero, de nuevo, prefiero no hablar a lanzar un comentario jodidamente honesto, que sé ofenderá a quien lo reciba. No, no son “mentiras blancas”, es tener un poco de diplomacia. Muchos pensarán “el que calla, otorga”, pero por mí se pueden ir a la mierda; no creo en dichos utilizados como excusa argumentativa, demuestran escasez intelectual. Si, soy reverendo déspota: si no te digo algo, pues te aguantas hasta que sea el momento en que deba decirlo. Y más te vale, coño.

Otra cosa, soy jodidamente perceptivo, o intuitivo, o detallista. No, observador sería el término más apropiado. Aunque todo lo anterior también cuenta. Como sea, una maña que tengo es la de estudiar a las personas, y el ambiente que las rodean, sin razón alguna. Lenguaje corporal, expresiones faciales, la mirada, micro-gestos, etcétera. Es algo instintivo. Y, de nuevo, no pretendo sonar arrogante ni nada, pero creo que lo hago tan bien, que ya puedo hacerme una idea (usualmente acertada), de lo que una persona esté pensando o sintiendo; sólo me basta con leer a esa persona un poco. Diría que también tiene algo de empatía metido por ahí. Tampoco es que se lo diga a la otra persona, por razones obvias. Aunque a veces puede servirme para cualquier posible soliloquio que pueda tener con ella. No sé.

Esto me lleva a atar cabos con relativa rapidez, lo cual es un pro y un contra a la vez. Muchas veces me basta sólo por cómo me escribe o habla alguien, para saber que pasa algo, e inclusive hay ocasiones en que sé la razón. Diría que también el timing influye, pero ya es llevar las cosas a un plano casi fantástico. Un ejemplo es algo que me pasó recientemente: una amiga rompió con el novio hace poco más de un mes, o algo así. Cuando me habló entonces ya yo sabía el motivo, inclusive sin ella haberlo hecho público, y no fue sino hasta hace dos días que me explicó a fondo. Al escucharlo me hice el sorprendido, aunque en realidad me sentí un poco mal. Si, a veces es “bien” o “conveniente” saber lo que otra persona está pensando o sintiendo, pero ciertamente te sientes como una plasta de mierda cuando te terminan dando una noticia así. Bueno, por lo menos en mi caso.

Sin embargo, hay unas pocas veces en las que siempre surge la duda, la incertidumbre. Aparecen esas interrogantes que te carcomen la consciencia. Empiezo a cuestionar mi propio juicio, pienso que estoy pensando demasiado, y que debería dejar de pensar, lo cual pienso muy pensadamente y termino dejar de pensar. Y es cuando dejo de pensar que suelo distanciarme de esa persona, lo cual es bastante injusto, la verdad. Ya me ha pasado en demasiadas ocasiones. Es como un mecanismo de autodefensa. La razón es deducible. Las circunstancias, más aun.

Pero, en esta ocasión… quiero pensar. Si, muchas veces estoy en un estado de ansiedad, de intriga, de duda. Pero no importa. Es la primera vez en mucho tiempo que decido seguir pensando, especulando, imaginando. Es el misterio que quiero resolver, es el vicio que quiero adquirir, y tal vez, nunca dejar. Espero no me afecte mucho, por ahí rueda un dicho, “el que piensa mucho, se vuelve loco”, o algo así. Aunque bueno, ya me ha dicho que estoy loco.

Estas últimas semanas me han dado lecciones de vida que agradezco en demasía. Si, siéntanse aludidos, todos ustedes que ya saben quiénes son. Aunque casi ninguno lee este blog (o sabe de su existencia), a decir verdad. Pero igual.

Hace poco descubrí a una autora y poeta norteamericana, Dorothy Parker. Apenas he leído tres historias cortas, pero son fascinantes. No sé si es por el hecho de la omnipresente sátira, sus encantadoras ocurrencias, su ingenio mordaz, su terrible franqueza, o el inconfundible parecido que tienen entre sí. No importa lo inercial de mi razón, simplemente no sé. Cada vez que leo, me recuerdo, y sonrío. Me fascinan. Me fascina.

Mi horario este semestre es un asco, como de costumbre. Entro cuatro días a las 7AM,  y salgo dos a las 8PM y, como siempre, hay agujeros dimensionales de entre 4 y 9 horas entre clases, lo cual hace de mis días un suplicio. Sin embargo, pudo haber sido peor, ya que logré hacer cambios de horario en dos materias que hubiesen hecho de este semestre una tortura: una por el hecho de salir otro día tarde, y más aun siendo un viernes; la otra por la profesora, que es una @#$%%^#$!!) &^$@#é¿ä®þü del €¼é®þ©µ&^%$% de su %^$^@#_)(ü¤€é, y que casualmente me odia :).

El lunes empecé clases, y ese mismo día realicé dichos cambios de horario. Los lunes, casualmente, tengo que calarme uno de esos agujeros pandimensionales, de 9 horas en este caso, entre las dos veintiúnicas clases que tengo ese día; pero como apenas estamos empezando, decidí aplicar la misma estrategia de siempre: quedarme un rato hablando con gente, irme a la casa a almorzar y luego regresarme para ver la otra clase. Esto sólo lo podré hacer como por 3 ó 4 semanas más. Luego, se acabó el bonche.

Además de empezar clases, me reencontré con amigos y conocidos, y procedimos a echar nuestros cuentos respectivos de vacaciones (o verano), así como cualquier otra pendejada que viniese al tema. También resumí mi rutina (más bien maña) de darle masajes a una amiga, a quien, según ella, le debo ya como 3 meses. Es bastante satisfactorio, a decir verdad: ella se relaja, yo me relajo (si, masajeando me relajo). Aunque a decir verdad, creo sería más satisfactorio me diesen un masaje. Lo necesito.

 Anoche hablé por teléfono con mi mejor amiga, primera vez que lo hago desde hace casi un año (creo). Ciertamente me emocioné con el prospecto de hablar paja, tanto que me pasé de la cuenta (casi dos horas en ese paquete), pero fue bien. Hablamos cualquier cantidad de cosas que no hemos podido hablar y, en esta ocasión, le comenté de mis pensamientos en rapport à ciertas circunstancias y eventos. Dicho de otra forma, anoche hice catarsis hablando con ella (por lo general suele ser al revés). Hasta el momento han sido pocas las personas con las que he hablado del tema, y casi todas me han dado opiniones similares. Sin embargo, anoche el caso fue otro. La opinión fue completamente opuesta a la que esperaba, lo cual me dejo en parte sorprendido. En cierto modo no me lo esperaba, pero dado el ambiente, y el hecho de que me conoce demasiado bien, era plausible su respuesta. Eso, y también porque se estaba durmiendo (aunque ella lo niegue). Aun así, me alegró bastante hablar con ella, y que me haya dado un par de bofetadas para retomar rumbo (aunque tal vez no llegue a atinar). Pero, para eso es mi mejor amiga, ¿no?

¿Mencioné que esto está plagado de muchas incoherencias?

Random Musings, Pt.3

Como no se me ocurre un tema en específico para desarrollar, o que tenga pero no puedo comentar (tengo derecho mariconerías y falacias psicológicas como la privacidad en internet), decidí tomar ideas cortas que están divagando en el vasto océano de mi cochambrosa mente.

#MothersLogic

Mi madre fue el miércoles con una amiga a Upata, para chequearse con un quiropráctico de renombre (por allá, porque aquí ni lo he oído), y para que le acomodaran la columna. Al volver a Caracas, me cuenta que el cambio en su amiga fue dramático, y me dice que yo debería ir también, a que me acomoden mi maltratado esqueleto, luego de inscribir semestre. Sin embargo, el proceso lo deja a uno un tanto adolorido, por lo cual el médico/quiropráctico recomienda 3 semanas de reposo en cama, sin hacer mucho esfuerzo físico, por lo cual le comento que si lo hago, voy a llegar vuelto leña a la universidad.

“Voy a tener que llevar la gandola (mi laptop) a la universidad, y pesa demasiado”, le digo.

“Ah, ¡no te preocupes! El esfuerzo al que se refiere es a pasar coleto y barrer.”

Esta fue mi cara, literalmente.

Verano

Este año volví a inscribir curso intensivo de verano, para adelantar una materia, Métodos Numéricos, y salir de la condenada rama de los Cálculos, que siempre ha sido el karma durante mi vida de universitario. Es norma que en el verano ciertos profesores sufren una transformación similar a la de Dr. Jekyll, pero a la inversa: pasan de ser los peores, más ratas y sucios, a ser dignos de un premio a la educación. Claro, es normal, ya que están recibiendo como pago el 30% de la matrícula del salón, lo cual a grosso modo puede llegar a ser 10 veces el salario mínimo (a veces más). Y todo por dar clases 6 semanas. En cualquier caso, debo reconocer que, si bien es un riesgo adelantar materias, los resultados son satisfactorios,  irrevelantemente del cambio de matices en el carácter del profesor. Y, ciertamente, el 13 que obtuve en la nota definitiva es bastante satisfactorio.

Al darle la noticia a mi madre, ella me pregunta, muy inocentemente: “¿No vas a volver a ver ningún otro Cálculo?”. Mi reacción fue automática, un acto reflejo.

Bitch please!

Corte de Cabello

He de confesar que soy una de las personas más perezosas que han de conocer. Aunque a veces tengo “ataques” de proactividad, en los que no sólo arreglo mi escritorio o limpio el cuarto, sino que a veces termino limpiando casi todo el apartamento (salvo la zona de trabajo de mi madre), soy un completo vago para actividades indispensables para el ser humano (hombre, en este caso) como ir al barbero, o afeitarse. Detesto afeitarme (con frecuencia). Pero también detesto dejarme la chiva. Es una dicotomía con la que seguro viviré hasta que me haga una condenada depilación laser, y acabar con ese rollo.

En cuanto a cortarme el cabello… no es que sea vago. Sólo que siempre se me olvida. Siempre digo que voy a ir cada siete semanas al barbero, pero o se me olvida, o se me pasa la fecha, o estoy ocupado luchando con el semestre, o el tipo está de vacaciones. Y aun cuando no me gusta dejarme crecer mucho el cabello, termino en el mismo círculo vicioso.

Entonces llega un punto en que dejo de parecer una persona civilizada, y me veo más como una mezcla bizarra de Jerry Seinfeld con Kramer. Pero con lentes, y menos gracioso. Y es ahí cuando me entra un ataque de “FFFFFFFFUUUUUUUUU———“, y me encierro con en el baño con una tijera, y me empiezo a rebajar la tumusa, o como la llamo yo, cabello “Krusty”. A muchos les extrañará que alguien haga eso, pero para mi ya es costumbre. De hecho, ya tengo tanta práctica en el asunto que en menos de 15 minutos acomodo un poco mi cabello híbrido Seinfeld/Kramer, y lo dejo luciendo un poco más como Jerry. Pero aun así todavía tengo lentes, y no doy risa.

Y este ciclo se repite durante 6 meses, hasta que un día paso frente a la barbería (que está a una cuadra de mi casa), entro, saludo a Giuseppe, y luego me siento en la silla, para hablar paja de fútbol, política, playa, Urbe Bikini, Fórmula 1 y cualquier otra ñoña, mientras lleno el piso de la barbería con una copiosa cantidad de rulos y cabello rebelde. Y luego., salgo con un rostro seguramente corny y muy cliché de “Whoa! So Fresh! *sparkles around him*”, mezclado con el alivio de haberme quitado un gran peso de encima.

Respecto a todo este rollo del corte de cabello, una amiga me preguntó en una ocasión: “¿Por qué no le dices a tu mamá que te corte el cabello? Es modista, y trabaja full con la tijera, ¿no?”

Muy seriamente, le dije: “Mi mamá lo hizo, en una ocasión. Fue la primera y última vez. ¡Más nunca!”

-“¿Por qué?”, me pregunta.

-“¿Ves mi oreja derecha, que hay una partecita medio rara? ¿que hay como una mancha que parece un lunar?”

-“¿Ajá?”

-“Bueno, esa fue mi mamá con la tijera.”