End of Year Post – 2014 Edition

The Road Goes Ever On2015: The road goes ever on…

Nma, bueno. No es que tenga mucho que decir respecto a lo que he vivido durante este año. Hasta ahora, y obviando el evidente declive socioeconómico del país, ha sido un año bastante plano. Universidad, amistades, familia, etc, todo eso sigue su curso. Bueno, estoy ya en mi último semestre (técnicamente, aunque en el sistema aparece que estoy en el noveno por tercera vez consecutivam no sé por qué), y tengo que ponerme las pilas con lo de las pasantías/servicio comunitario/shit que tengo que hacer para graduarme. No haré tesis, porque es muy largo y quiero graduarme right now, así que me iré por una pasantía larga (4 meses), y así aterrizo también en algún trabajo fijo. Dos tiros de un pájaro. Tenía planes para largarme del país ASAP, pero dada la patria que ataca con furia, la cosa está cuesta arriba. Como que toca comprar equipo de escalador *ba dum tssssh*

De las promesas (o resolutions) de Año Nuevo, pues no se me ocurre nada, salvo echarle bolas, no desaprovechar cualquier puerta que se abra en mi camino, y crecer como persona y profesional. Ya saben, esas cursilerías obvias que uno pone y olvida hacer. De resto, no sé qué más decir, salvo que tengo que escribir un poco más y andar un poco más alegre por la vida; no vale la pena deprimirse por banalidades.

En fin, que la pasen bonito (quienes quieran que lean esto), coman mucho y jodan burda. Feliz Año, y etcétera. A echarle bolas se ha dicho.

Anuncios

End of Year Post – 2013 Edition

And thus, the curtain closes on another year.

Ciertamente he dejado este blog en más completo e irremediable abandono, pero a veces es inevitable la ausencia, dado que estoy en un momento crucial de mi vida, académica y/o profesional. A pocas horas de cerrar la puerta de un año y abrir la del siguiente, he decidido, gracias al empujón (involuntario) de una amiga, escribir una pequeña reflexión/perorata/balbuceada, o como lo quieran llamar.

Seguir leyendo “End of Year Post – 2013 Edition”

“Scent”

That scent… like a bittersweet, maddening perfume.

The first time I perceived it was almost a year ago, on my right hand. It took me some time to notice it, to be honest (I don’t “smell” my hand that frequently). It was from a woman’s, that I knew, but it wasn’t really strong… and it didn’t feel like a perfume, even. I tried to remember whom it might have been from, but the scent became a drug, and I stopped thinking.

A week passed, and I found myself sitting besides the person I believed was the source of such an addictive aroma. She was one of my classmates at one of the courses I took that semester. Due some unexpected happenings, played by destiny, I found myself sharing a table with her in said course, and ended up working together the whole semester.

We started to talk about various things, and she was really pleasant to be with but, as per usual, she was already beyond my reach: another career, and with one foot out of college, practically. Then, that delicious smell started to fade away from her, and I realized she wasn’t the one with the maddening perfume. It persisted, but I didn’t want another disappointment.

Days, and weeks, and months passed, and I find myself alone, in the office, trying to write a proposal for my social service work, when I started to fiddle with my glasses. Then, I noticed that scent in my hand. Curiously enough, I didn’t meet any girl, yet it was there, subtly, but firm. I decide to wander around a bit, and I headed down to buy some snacks.

I still tried to pinpoint the scent’s owner, and after pondering a while, I thought of a friend. She’s the one who’s been “closest” to me these past semesters, the one who’s more likely to use that perfume, and also the one I hug more frequently (I’m quite fond of her). Then, while buying chips at the kiosk, I caught a glimpse of her. I went straight towards her, said hello, hugged her, and stood there for a short while, trying real hard to grab her essence. Then, I excused myself, said goodbye, and returned to the office, to continue with my routine.

I mentioned this to another friend, and she told me that probably I’m in love with her, but that I haven’t realized it yet. I find the idea rather improbable, and quite trollish, to begin with. And I rather prefer it to be that way, than a possibility. I’ve had enough of sentimental shit to torment me for a while. But, even so…

… I still can feel her scent in my hand.

Desventuras Selectas (y demás Relatos Incoherentes) – Pt. 1 de ??

Bueno, como he tenido abandonado al blog, decidí hacerle un ” cariñito”, esta vez en la forma de un relato algo inconexo e incoherente que formarán parte de una serie de posts auto-biográficos sin mucho sentido ni proyección. Los escribiré de manera muy informal, dejando que mis dedos tipeen los que salga de estre tren de pensamientos que parece no querer descarrilarse en estos momentos. Advierto a los potenciales lectores: lo que leerán a continuación es el epítome malogrado de “hablar PAJA”.

“Nostalgia”

Durante estos últimos días he estado lleno de una mezcla de sentimientos que se podría catalogar como “nostalgia”, sobre todo la generada por mis días de bachillerato. Para ser más específico, mi 4to y 5to año. Esos fueron, sin duda alguna, los años que mejor la pasé en mi colegio. No porque fuesen los últimos ni nada por el estilo, sino simplemente porque fueron los mejores. Durante esos 2 años realmente viví mi bachillerato: clavé, pasé, jodí, boté profesores, jodí, clavé, volví a pasar, clavé, reparé, pasé otra vez, jodí más aun, y así seguí. Bueno, esto que acabo de mencionar pasó más que todo en 4to año.

Mi 5to año fue, en su momento, la típica historia de romance colegial. En su momento, fue feliz, llena de altibajos, alegrías y decepciones. Ahora que veo hacia atrás, y me detengo a ver más calmada y concienzudamente… fue una torpe y burda parodia de historia de romance colegial. Fue el período en donde tuve el gafo por las nubes… de la atmósfera saturniana. Fue el período en el que mi ingenuidad terminó siendo aplastada por la triste realidad, y que finalmente me llevó a tener la personalidad por la que hoy muchas personas me (re)conocen.

“La ingenuidad y meter la pata va de la mano…”

Fue en 5to año que, por primera vez, me “enamoré”. Bueno, en aquél entonces eso fue lo que supuse estaba experimentando/sintiendo. Desde el punto de vista objetivo, lo que tuve fue un “empepe crónico”, una especie de erotomanía que me dejó con un amargo sabor en la boca al final de mi bachillerato; un encuentro bastante cercano con una de las tristes realidades que definen al ser humano. Pero como soy bastante malo relatando las cosas sin hablar paja antes, pues echaré un cuento.

Érase una vez un chico y una chica. El chico se “enamora” (léase, empepa) de la chica. La chica, al principio ignorante de las pretensiones del chico, lo trata con normalidad. Luego, por cosas de la vida, también se enamora del chico (o eso es lo que él cree – posible erotomanía). Blah, blah, blah, pasan los meses, la cosa avanza, ellos salen, etc, yadda yadda, plin plan plún, más et céteras y por fin el carajo, luego de tanta mariquera, se le confiesa a la chama.

Aquí es donde la cosa se pone “buena”.

‘Oh…’-murmura ella con gesto sorprendido -. ‘Bueno…’-se sonroja-‘creo que es mejor que te dé una respuesta luego, porque ahora no estoy preparada’

‘Está bien, yo esperaré’, dice el chamo, con las orejas a punto de explotar por el exceso de flujo sanguíneo.

Craso error (cómo me encanta esta frase). Para el momento en que el tipo, a quien llamaremos “Tom”, se le confiesa a la chama, a quien llamaremos “Polly”, ésta ha empezado a experimentar el mismo sentimiento que él pero dirigido a un tercero desconocido, a quien llamaremos, no sé, “Huck” (quería pornerle Chespirito, pero ya me puse con lo de Mark Twain).

En fin, para resumir más la historia, pasan los días, Tom se impacienta, Polly no cede, y etc. Como sea (sí, ya me estoy ladillando de la historia, mejor la termino rápido), en una de esas, en el penúltimo día de colegio, de 5to año, de la vida recluída, monástica y feliz del bachillerato… mientras bajaban las escaleras del Metro, Tom metió la pata en el descanso de una escalera y terminó en el consultorio de un traumatólogo de apellido sueco recibiendo el diagnóstico de su “metedura de pata”.

Bueno, -dice el doctor con voz impasible y expresión insondable- lo que sufriste fue una inversión forzada del tobillo derecho, lo cual provocó un esguince de segundo grado y además una fractura del tercio discal del peroné. Tres semanas de reposo con la pierna inmovilizada, y posteriormente, sesiones de fisioterapia.

Posteriormente, todo es un flashback de colores pardos y grises, con infusión de hojas de mango, Frio-Paks, muletas, una mentada de madre en el metro, pasantías en la Ericsson y una pantalla de Gmail bastante difusa en la que apenas se lee un “No te amo ahora, pero capaz te ame luego” que Polly dió como respuesta, y un “El coño de tu madre, yo con la pierna rota y tú lateándote con otro pajúo!”- posiblemente Huck- “Tremenda respuesta que me das!”, que le dió Tom como contra-respuesta. Y ya este tren de pensamientos hizo cambio de vías, así que mejor cambio el tema.

Frases poco célebres y profundas que me gustan.

Como había mencionado anteriormente, en estos días la nostalgia me ha embargado enormemente, al punto que he decidido rescatar el anuario que siempre hacen en mi colegio la promoción saliente, como homenaje a sí misma. Narcisos, todos somos. Al final de dicho anuario aparecen las típicas fotos de los graduandos, con su nombre y alguna frase que quieran dejar para la posteridad. He recogido algunas de las que más me gustan, para compartir con el infeliz que no sabe qué hacer con su vida y siga leyendo esta barbaridad.

La ciencia apenas sirve para darnos una idea de la extensión de nuestra ignorancia.

Simple and clean. Va al grano.

¿Qué es una familia sino el más admirable de los gobiernos?

Frase utópico, idealismo parejo. Aquí no aplica casi, pero igual me encanta.

El amor es quien inspira las grandes empresas y estorba su cumplimiento.

En realidad se llama “empepe”, no “amor”.

Un psiquiatra experto en cuestiones de estrés dijo acerca del bienestae: ‘Hay solamente dos principios: primero, no te preocupes por las cosas sin
importancia; segundo: nada tiene importancia.’

Este tipo es un genio.

Incomparables calles sin salidas a tristes realidades y mecánicas mentes girando hacia el ocaso, iluminan este mundo de odisea y desesperación.

Una de mis frases favoritas, y una de las pocas que me han marcado profundamente… Sencillamente genial.

Cegados de ambición, el resto verá con anhelo la semilla que he dejado, y aclamarán: ‘yo quiero, yo pudiese’… pero, fríamente ante Dios responderé: ‘yo tengo, yo pude.’

Simplemente soberbia. Si en mi universidad hacen anuario, plagiaré ésta.

Imagina una bola de acero del tamaño del planeta Tierra y una mosca se posa encima de ella cada millón de años; cuando la bola se haya desgastado
por el roce, la eternidad todavia no habrá comenzado.

Esta la dejó una amiga muy querida.

Un chico y una chica pueden ser sólo amigos, pero de un momento a otro se enamorarán…. tal vez temporalmente, tal vez en el momento más
inoportuno, tal vez cuando sea muy tarde… o tal vez para siempre…

¿Pueden adivinar quién dejó esta? Si dijeron Tom, se acaban de ganar… no sé, un saco de papas.

El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan, demasiado rapido para aquellos que temen, demasiado largo para aquellos que sufren…
demasiado corto para aquellos que celebran… Pero para aquellos que aman, el tiempo es eterno…

Y si piensan que esta la dijo Henry Van Dyke, pues acertaron. Aunque fue Polly quien la dejó en el anuario.

Y bueno, como ya es algo tarde, y ya llegué a las 1300 y pico de palabras en este post, lo dejaré así por ahora. Posiblemente continúe con esta serie de posts, ya que total, le puse hasta “Pt. 1” y todo al título. Además, dejé un subtítulo por ahí flotando, pero lo desarrollaré luego. Si les gustó, pues qué bien, valió la pena llegar hasta tan tarde tipeando por inercia. Si no, pues también; total, este post fue otro intento de catarsis. En fin, hasta la próxima, gente sin oficio! Adieu!

Quedan advertidos, motoristas.

Por lo general, cuando está lloviendo, uno tiende a no salir de la comodidad del hogar. Uno prefiere quedarse en un ambiente cálido y amigable a salir y adentrarse en el mundo caótico e impredecible al que llamamos “Caracas con lluvia”. Pero, no importa qué esté haciendo uno, ni cuándo ni cómo, siempre surjen estas situaciones que te obligan a salir a la calle a intentar no caer en pozos sin fondos con limo de hace 1 semana o ríos llenos de barro y mierda que nacen de las alcantarillas mal encauzadas, mientras te dirijes hacia algún destino incierto con el propósito de hacer un mandado o satisfacer tus ganas de saciar el hambre de manera muy masoquista.

Son éste tipo de situaciones las que nos llevan a tener episodios temporales de ira incontenible, en los cuales mentamos mandre de una manera tal que hasta la persona más ordinaria y marginal quedaría pasmada y sobrecogida. Y estos episodios son causados por el famoso “animal/becerro malnacido me mojó con el carro”. Esas personas que no resisten la tentación de acelerar sobre un inmenso charco lleno de E. Coli y coliformes fecales con el único propósito de dejar a un inocente y desprevenido peatón empapado hasta la ropa interior. Esos Ayrton Senna frustrados, que sólo porque están a salvo de la intemperie creen que pueden ir y joderlo a uno con carros de 200 mil BsF. Esos animales descerebrados que, obedeciendo al patrón genético involutivo que implica el uso de una herramienta facilitadora de la pereza, siguen el instinto más básico de los venezolanos: joder al más huevón, al pendejo que camina por una acera a orillas de lo que parece el río Zambeze.

¿Por qué comento esto? Bueno, por hoy me tocó desempeñar el papel de el peatón inocente, que por pendenjo fue empapado por algún inepto cabrón que no resistió la tentación de acelerar adrede su potente y obesa camioneta último modelo, con el único fin de joderme la tarde y hacerme cojer una arrechera tal que ni el taichi ni la meditación zen me pueden quitar en el momento.

Sin embargo, este huevón aquí no se la cala. Así de simple. Yo ya no me calo esta vaina. Ya no me calo que tenga que volver a lavar el jean que cargaba, porque sólo tengo 4 para usar. Ya no me calo que tenga que meter los zapatos a la lavadora y esperar 3 días a que se sequen porque sólo tengo 2 pares para usar. Ya no me calo que tenga que correr cuando un pajúo esté aproximándose a algún charco en su carro último modelo, con el puto reggaeton a full volumen y teniendo una orgía musical.

Este huevón aquí, que disfruta caminar, que disfruta el hecho de no tener que pagarle 2 bolívares a un busetero muerto de hambre sólo para quedarse 3 cuadras más allá, que goza de la libertad de moverse sin restricciones y usar las piernas para algo útil, de correr con el riesgo de rayar un carro atravesado en la acera, de poder comprarse un brownie y jartarse mientras camina y cruza la calle y lee el semanario “Urbe”, ya no se lo cala. ¿Y qué pienso hacer al respecto? Pues muy sencillo: pellas, señores. Pellas.

Este pajúo aquí, que camina tranquilo por la acera, va a cargar con pellas. Así que quedan advertidos, mis estimados “Schumachers” caraqueños. Este pendejo que está aquí va a tener en mano unas cuantas pellas, de las de hierro, traídas directamente de Guayana, de los cargamentos olvidados de Ferrominera y Sidor, a la espera de ser lanzadas en contra del parabrisas del primer becerro impotente que quiera dárselas de gracioso. Este pendejo aquí va a tener su paquita de monedas de 2 y 5 bolos de los viejos entirrada, lista en mano, a la espera del primer becerro al que se le ocurra acelerar en un charco para mojarme.  Y también éste que está aquí va a cargar con una piedra, de esas que usan para los rellenos de hormigón, a la espera de impactar contra el vidrio de cualquier imbécil que piense que soy impermeable.

Así que quedan advertidos, motoristas. Mejor compórtense y sean buenos ciudadanos. Porque no sabrán de dónde saldrá la pella que les descoñetará el parabrisas.